Año 5 Número 57 Diciembre 2007

Crab House

Sal y Pimienta
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Sal y Pimienta
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*Las críticas que presentamos en este espacio gastronómico están soportadas en las experiencias personales de expertos en restaurantes de Latitud 21. Todos los lugares que se mencionan aquí son visitados en anonimato y Latitud 21 paga por el consumo.
Ningún desembolso de otro tipo influye en los comentarios de este espacio gastronómico.

De dónde vienes con esa cara de felicidad, Pimienta?
- De cenar como los propios ángeles, Sal.
- ¡Grosero! Te vas de juerga con tus amigotes y todavía vienes a restregármelo en la cara.
- Me había prometido no entrar en detalles, para no profundizar la herida. Pero la experiencia gastronómica y un par de copas de albariño me empujan a ser locuaz.
- Pues de dónde vienes, parrandero.
- Del Crab House, Sal. Tal vez lo hayas visto, está adelantito del Puerto Madero.
- Claro que lo he visto. Lo que nunca he oído es una buena crítica de su cocina.
- Es que empezó flojo, Sal. Mucho oropel, poca sustancia. Sin embargo, los propietarios le han dado la vuelta a la tortilla y hoy te puedo decir, sin temor a equivocarme, que en materia de mariscos y pescados estamos hablando de una de las mejores opciones de Cancún.
- ¿Tanto así? Pues qué descubriste…
- Primero lo primero, las manitas de cangrejo. Lo digo con rubor, porque apenas la semana pasada me quejaba de su escasez en Cancún, y mira tú que me vengo a encontrar el inventario completo, como si estuvieras en el Joe’s de Miami. Hasta los tamaños son idénticos: medianas, grandes, jumbo y coloso.
- ¡Guauuu! Pero son congeladas, ¿o no?
- Eso es lo mejor: el menú presume el sello de la frescura, never frozen. Al parecer, las traen de Campeche, nevadas en hielo, cada dos o tres días. Y de inmediato se nota la diferencia.
- Han de estar carísimas…
- Mucho más baratas que en Miami, pero nadie en este mundo puede pretender comer manitas de cangrejo, o langosta viva, o camarones gigantes, o jaibas desnudas, o callo de hacha, o abulón, o conchas frescas, suponiendo que esas delicadezas van a estar a precio de remate.
- ¿Todo eso comiste?
- Probé de todo, pedimos muchos platos al centro. Lo que más me gustó fue el aguachile de camarón y habanero, las tostaditas de marlin con pico de gallo, y unos ostiones sobre carne de cangrejo, gratinados con tocino, parmesano y ajo. De rechupete…
- No seas sádico, Pimienta. Se me está haciendo agua la boca.
- Pues haz hambre, porque vamos a ir muy pronto. Le puse el ojo a varios platos de la carta, así que acéptame una cena de desagravio.
- Vas a requerir más que eso para ser perdonado.
- No seas tan severa, Sal. Vi un par de platillos que estoy seguro te encantarán. Por ejemplo, unos camarones salteados con piña y leche de coco al ron. O un salmón a la sal sobre vinagreta de limón y oliva.
- No suena mal…
- Yo me inclinaría por un pulpo a la parrilla, aderezado con pimentón. O tal vez por una combinación rara de cangrejo, pues como aquí el cangrejo es el rey de la casa, te lo sirven en toda suerte de combinaciones: camarones rellenos de cangrejo, langosta y cangrejo gratinados, ensalada con queso y cangrejo, filete de pescado con cangrejo, crema de camarón y cangrejo, y desde luego manitas y manotas de cangrejo, piernas de cangrejo de Alaska, y si te da flojera pelarlas, pulpa limpia de cangrejo del Pacífico.
- ¿Pasteles de cangrejo? ¿Sofá shell crac?
- Por supuesto. Hasta te ofrecen un martini de cangrejo: clamato, tequila y pulpa de cangrejo, o sea, su versión del ostionazo. Lo probé y no está nada mal…
- Será cierto que esa bebida es afrodisíaca, Pimienta?
- No me cambies el tema, Sal. Déjame acabar mi reseña apuntando que Crab House tiene una cava interesante. De hecho, tiene una cava auténtica, un salón de cristal en el segundo piso, con varias etiquetas notables. Como te comenté, esta noche nos fuimos por lo convencional, pero a la vez perfecto para mariscos frescos, el albariño. Pero podemos tratar un chardonnay o un sauvignon blanc.
- ¿Es o no es afrodisíaca, Pimienta?
- Romántica era la noche, Sal. La tenue luz de las estrellas, el olor a trópico, la terraza sobre la laguna, y tal vez, por qué no, el abundante fósforo de los alimentos. Lástima que estaba con mis amigotes
- Pues me debes esa cena romántica. Pero mientras llega ese glorioso momento, tengo curiosidad por averiguar si el fósforo de los mariscos de esta noche tiene efecto retardado.

 
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