Año 4 Número 44 Noviembre 2006

Sal y Pimienta
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Sal y Pimienta
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*Las críticas que presentamos en este espacio gastronómico están soportadas en las experiencias personales de expertos en restaurantes de Latitud 21. Todos los lugares que se mencionan aquí son visitados en anonimato y Latitud 21 paga por el consumo. Ningún desembolso de otro tipo influye en los comentarios de este espacio gastronómico.

o veo, Pimienta, tu empeño en alterar tus niveles de colesterol, más aún tratándose de plena temporada de fiestas decembrinas. ¿No te basta con tu ingesta segura de alcohol de los cientos de brindis que te aguardan? ¿O el pavo, los romeritos, el bacalao, la pierna, los alfajores y las tartas frutales?
-Por Dios, mujer, no entiendo tanta alteración por una comilona semanal, cuando a diario me tienes en míseras dietas de caldos, verduras y aguas frescas. Permíteme este resbalón carnívoro, prometiendo guardar prudencia… Claro, hasta donde mi psique me lo permita.
-Ese es el problema, tu apetito mangonea tu psique a su antojo, disfrazada de tus necesidades alimenticias. ¿O me vas a decir que tu cuerpo requiere de entrada masa y carne… y luego de más y más carne, y una botella entera de vino?
-Algo hay de cierto, porque tratándose de antojos necesariamente hay carencias de proteínas, vitaminas, electrolitos, minerales, antioxidantes y cuantas sustancias necesite el cuerpo. Así que si estoy en el asadero Pampero es porque mi cuerpo me pide de rigor, y de entrada, por lo menos una empanada, la de ternera con ají molido.
-Vaya ironía la tuya, Pimienta. De acuerdo con los psicólogos los antojos pueden ser una manipulación “sana” para sentir solidaridad y comprensión, dicho de otra forma, un  medio propicio para ganancias secundarias o agregadas en una relación de pareja. ¿A caso te sientes falto de…?
-De ninguna forma emocional, Sal; mi antojo tiene su procedencia en la salud física. Así que dejémonos de auscultaciones psíquicas y entremos a la materia gastronómica.
-Una berenjena asada, por favor. Eso se llama salud.
-No Sal, se llama berenjena asada, de la que estoy complacido en probar, por aquello de la salud. Y hablando de salud, por cierto, concluyo que una botella del Marqués de Cáceres… Mmmm, Reserva 95. Perfectamente definido, es frutal, de tempranillo. ¿Sientes la soltura de la frambuesa y la cereza?
-Sí, pero también las hierbas, Pimienta, con marcado acento del tomillo… quizá también el carácter de otras especias, como la vainilla. Me complace tu elección, aunque vaya que encuentro muy balanceada su carta de vinos. Mira todos esos argentinos, españoles, chilenos y mexicanos que proceden de buena cepa. 
-¡A nuestra salud!
-Sabes, Pimienta, el Pampero es de esos lugares para repetir. Me gusta la atención de Guillermo, su propietario, quien está pendiente de todo y a todas horas. Me gusta su discreción, pero también sus certeras sugerencias…
-Y que no mete caballazos, Sal, porque hay otros… Pero coincido contigo, y lo que es más, su oferta culinaria aparte de vasta tiene un equilibrio en sus precios. Me agrada que no se limite a los cortes, y deje un capítulo para las especialidades de mar, como el bendito salmón braseado con aromas que tanto te gusta.
-O la pechuga de pollo asada a las finas hierbas con esa crema de tomillo, hinojos y limones que estoy cierta en elegir hoy.
-Yo en cambio seguiré mis instintos, que complaceré con el asado de tira, viste, con guarnición incluida, que no es tan común en ningún restaurante de esta naturaleza, al menos de estas tierras. Mmmm, con camote, pimientos asados y rajas a la crema. Por cierto, si te decidieses a aventurarte al sabor de un buen corte, acuérdate de los filetes baby con sus ensaladas mixtas, aunque también abren otras posibilidades, como las papas españolas a la crema de cambray…
-O la de Montaña, con tomates secos, lechuga, queso de cabra, albahaca y aceitunas negras…
-Yo creo que haciendo un poco de caso, también optaré por la Waldorf, con apio, manzanas verdes, crema y nuez, que me recuerdan esas copiosas cenas navideñas en la capital…
-Quisiera secundarte en las bebidas. Sin necesidad de combinar, ¿no te apetece una jarra de sangría con fruta?
-Sí, suena muy sano, Sal… Vaya tu manera de seducirme a la sanidad corporal…
-Y también mental… Sabes, es martes, es tarde, y no tengo más en la agenda. Podríamos disfrutar de la seducción del buen show de tango aquí en Pampero…
-Estás en todo tu derecho… aunque habría ya pensado en otra noche de tango con pasta y pizza el próximo viernes también de tango, para un brindis relajado antes de las posadas, la Nochebuena y el Año Nuevo…
-Ya lo creo. ¿Para enumerarme tus buenos propósitos que siempre terminan con tus caprichosos antojos?
-Jojojojo… Escribe tu carta a Santa Claus, quizá el viejo gordo me quite el año que entra mis justificados antojos.

 

 
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