Año 4 Número 44 Noviembre 2006

Imagen ejecutiva, herramienta de negociación


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Adriana Altieri
Asesora de imagen
adriana@altieriimagen.com
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¿Qué es la imagen? ¿Cómo puedo lograr que ésta represente a mi empresa y a mí mismo? Esto es sin duda algo que parece difícil de descubrir, pero paradójicamente al alcance de la mano. Vivimos en la era de la comunicación, y es en ésta donde radica buena parte de la trascendencia del concepto imagen, y esto ha existido desde siempre.
En los albores de la historia de la humanidad las tribus empleaban elementos de comunicación no verbal, como la danza, pinturas corporales y faciales, accesorios para comunicarse con dioses, para celebrar sucesos como la muerte, los triunfos bélicos y hasta las bodas, como sigue sucediendo aunque bajo otros preceptos.
Según el doctor Albert Mehrabian, los mensajes que toda persona transmite se conforman de imagen (55%), voz (38%) y palabras que emite (7%). Así que el 93% del mensaje total que enviamos a otros es no verbal.
Sin embargo, ese 55% en imagen física tiene un peso muy importante porque muestra lo que somos, y tiene una gran influencia en todo lo que nos rodea. Partiendo de estas premisas, muchos estudiosos han indagado para darle un valor a la imagen, incluso en los ámbitos social y profesional, pero sobre todo empresarial, que penden de la llamada imagen corporativa, la cual se refiere a la percepción que una sociedad tiene de una compañía, y al mismo tiempo de los productos y servicios que vende, que finalmente son su principal activo.
¿Cómo crear una imagen corporativa? Con un ejercicio en la dirección de la percepción general. Es creada por expertos de marketing, quienes utilizan las relaciones públicas y otras formas de promoción para sugerir un cuadro mental al público de lo qué es la compañía y los productos que vende para provocar un interés en los consumidores. Otros actores desde luego son los medios de comunicación, líderes de opinión de éstos, organizaciones ambientalistas y otras ONG.
Temas actuales como “empresas socialmente responsables” con y hacia la comunidad, a sus problemas sociales e incluso hacia su personal, cada día se hacen más comunes para crear la empatía de los consumidores; o al respeto animal en la experimentación de maquillajes o en la creación de ropa; o al medio ambiente con la no utilización de productos químicos dañinos al entorno o al ozono, como leemos en muchos de los envases de aerosoles, por mencionar algunos.
Una buena imagen corporativa total entonces se puede considerar como la suma de todas las imágenes asociadas a las posiciones individuales del producto de la compañía. El nombre corporativo y el logotipo desde luego deben también ser coherentes, y lo mismo ocurre con los temas publicitarios y con los socios de la distribución. Si, por ejemplo, se desea crear una imagen corporativa de lujo, no deberá distribuir sus productos en tiendas de autoservicio populares. No nos imaginamos los productos de Dior en los escaparates de Soriana, por ejemplo; ni utilizaremos canciones o personajes de otro perfil en sus anuncios. Una imagen corporativa correcta debe ser totalmente creíble.
Pero en toda esta generalidad, el personal, donde desde luego incluyo a los dueños, es la mejor publicidad,  pues son los mejores embajadores de las empresas y por tanto factores determinantes en la consolidación de una buena reputación corporativa. De hecho, el 90% de las empresas los consideran uno de sus grupos de interés más importantes.
La razón es muy sencilla. Quien quiere comprar sabe lo que va a comprar, pero quiere ir más allá de un spot, un póster o un folleto, quiere ir más allá de una marca, y es en un alto porcentaje que ésta se determina por quien la compone. Entonces, hacia el personal debe dirigirse una Ingeniería en Imagen Pública, mediante un conjunto de técnicas y procedimientos para conseguir la emisión de estímulos.
La siguiente pregunta es cómo. La imagen profesional se logra cambiando de arreglo y actitud. Recordemos que nuestra imagen siempre está en la mira y se forma de símbolos y mensajes que continuamente estamos mandando. La imagen física enviará una serie de códigos de comunicación que el receptor entenderá en cuestión de segundos y captará todo lo que ve. Así que para incentivar a nuestro público prospecto se tienen que emplear un cúmulo de conocimientos, como psicología del color y semiótica.
Recordemos que jamás tenemos una segunda oportunidad de causar una buena impresión. No hay duda de que las primeras impresiones son muy importantes. La imagen que proyectamos a través de nuestra apariencia exterior es el primer mensaje que enviamos en cualquier situación nueva. ¡Somos evaluados en 10 segundos! 
Nosotros como empleados o dueños creamos la imagen de la compañía, y como tales debemos ser congruentes con el trabajo que desempeñamos, aunado por supuesto a valores, lugar en que vivimos, responsabilidades sociales. Pero antes de vender mi producto o mis servicios lo primero que debo de hacer es venderme a mí mismo.
No podríamos imaginarnos a una mujer ajena al maquillaje, la elegancia, la pulcritud al frente de un corporativo como Ultrafemme o Maraf, lo mismo ocurre con su personal, o a un cazador despiadado dirigiendo o despachando en Xcaret. Tiene que haber congruencia para conseguir credibilidad y consecuentemente ventas. Para triunfar hay que invertir en imagen.

 
2005 Latitud 21. Derechos Reservados.