Año 2 Número 21 Diciembre 2004

Sal y Pimienta
 

* Las críticas que presentamos en este espacio gastronómico están soportadas en las experiencias personales de expertos en restaurantes de Latitud 21. Todos los lugares que se mencionan aquí son visitados en anonimato y Latitud 21 paga por el consumo. Ningún desembolso de otro tipo influye en los comentarios de este espacio gastronómico.

Si no recuerdo mal, Sal, hace varios años había un restaurante en Plaza América que se llamaba, precisamente, L'escargot?

Te acuerdas, Pimienta, pero mal. En Plaza América se llamaba La Fondué Luego se cambió a Plaza México, y ahí sí se llamó L'escargot. Pero seguro te acuerdas de la dueña, Catherine, una francesa casada con mexicano que vivió 20 años en Tabasco.

Claro, Sal, ya me acordé. Fue la que también abrió Le Bistró, en el andador Tulipanes, lo que ahora es el Roots. ¿Así que ya volvió a abrir L'escargot? ¿Y dónde está?

Perfectamente escondido. Tienes que tomar la Yaxchilán, darte vuelta en Chaibal y seguir hasta Piña, a paso de tortuga, porque la calle es oscura y el anuncio demasiado discreto, tan discreto que no lo ves. Está fácil perderse, pero te aseguro que vale la pena el riesgo.

-¿Cenaste rico? ¿Qué pediste? Pedí un poco de todo, Pimienta. Ya sabes mi afición por la comida francesa, y las pocas opciones que tenemos en Cancún. Por suerte, iba con amigos que les gusta compartir, así que pedimos todo al centro, empezando por unos suculentos escargots a la bourguignone, un plato de patés y unas ensaladas típicas.

Ni me digas. Seguro pediste la de arroz.

¿Qué comes que adivinas? Sólo fueron dos bocados, porque también probé la de lenteja, la de betabel y la de poros. Y los patés estaban formidables: de pato, de conejo, de pollo.

¡Caray! Suena a que tienen un menú bastante amplio.

Al contrario. Fíjate que se trata de un negocio estrictamente familiar. Catherine hace de anfitriona, una de sus hijas cocina, otra atiende las mesas, y a veces sus yernos tocan algo de música. El restaurante es diminuto. Para empezar, está instalado en una casa de lo más normal, y yo creo que una parte siguen siendo habitaciones. Tendrá unas 20 sillas en el jardín, en mesas muy coquetonas, con sus sombrillas, y otras 20 sillas adentro, en lo que era la sala.

Es como si se tratara de un mesón.

Algo así. Es más, un crítico gastronómico le pondría muchos peros. Por ejemplo, sólo tienen un pescado, un salmón en salsa holandesa. Y sólo tienen un marisco, que son mejillones al vino blanco. Y sólo tienen un ave, una pechuga de pato con manzanas.

En carnes están mejor, porque puedes escoger entre filete o rib-eye, pero salseados en pimienta, en mostaza, al tuétano, con bernesa. Pocas opciones, pero a cambio un sabor muy francés, casero si quieres, pero refinado, con conocimiento de causa

¿Y la lista de vinos?

Un poco raquítica. Casi todos son vinos de batalla, de 300 pesos o menos la botella. Las excepciones son un par de reservas, que están etiquetadas a precios muy razonables. Eso sí tengo que decirlo: para Cancún, los precios son más que accesibles.

El plato más caro cuesta 190 pesos, pero la media anda entre 90 y 140 pesos. Las entradas, sobre 50 pesos. Los postres, todavía menos.

Me tienes que llevar. Yo te invito.

De acuerdo. Pero anota que no aceptan tarjetas de crédito, y no te vienen con el cuento de que no les han puesto la terminal. No las aceptan porque la comisión bancaria les parece exorbitante y no se les da la gana pagarla. Eso quizás sea un inconveniente, pero te lo advierten en la carta. Así que lleva tu dinerito.

¿Y cómo está de gente?

Las dos veces que he ido era entre semana y estaba casi lleno. Se ve que Catherine está formando un público de habitúes, que les gusta el lugar y que aprecian la comida. Es una propuesta diferente, cálida e íntima, en un lugar tan masificado como Cancún. Es como decir: ven a comer a mi casa, te voy a atender personalmente, te voy a dar lo que te gusta, pero no esperes lujos ni exijas demasiado.

¿Así que regresarías?

Claro que voy a regresar, sobre todo ya que me invitaste. Y es que además debo confesarte algo: me quedé con las ganas de probar una lengua a la vinagreta, que la sirven caliente, como en Francia. Y hay que tratar, por no dejar, la clásica sopa de cebolla. Así que vamos poniendo una fecha.

L'escargot, abre de lunes a sábado, y exclusivamente para cenas, de 18:00 a 23:30 horas.

 
 
 


 

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