A primera vista se antoja como una colorida y sugestiva galería de mensajes publicitarios, una forma barata y eficaz de llegar directamente al consumidor. Pero, ¿qué sucede cuando uno recibe seis, ocho, diez volantes diarios en la casa, en la oficina, en el automóvil? No hay cálculos confiables, pero una encuesta informal con las principales imprentas del ramo nos lleva a una estimación preliminar: todos los días, alrededor de 50 mil flyers se distribuyen en las calles de la ciudad, sin ningún tipo de reglamentación o control. Porque está bien, digamos, que uno los acepte en la mano en los semáforos, y hasta recibirlos en el buzón.
Pero... ¿se vale que los arrojen a los jardines y a los patios, o que los prensen en el parabrisas de los autos? Una manera agresiva de sumar desperdicios a la montaña de basura que nos ahoga...