Detrás del mito

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Surgidos para satisfacer la demanda turística, los delfinarios del Caribe mexicano se han configurado como ejemplo de la preservación de la especie en su hábitat natural

 

En una década el Caribe mexicano ha logrado constituirse como líder dentro de la industria del nado con delfines en el mundo, con una particularidad: en la mayoría los mamíferos permanecen dentro de su hábitat natural en instalaciones que permiten su conservación y reproducción cumpliendo con altos estándares internacionales.

En México, el Caribe mexicano concentra 15 delfinarios, el mayor número de estos centros en el país y en el mundo, por lo que esta región además de ofertar experiencias ha evolucionado en instalaciones, servicios y la conservación de esta especie a través de programas de reproducción, los más exitosos de México.

 Los pioneros en Mexico

Aunque no hay archivos históricos, se apunta que los delfinarios empezaron a funcionar en nuestro país a principios de los años 70 como estrategia de marketing de un autoservicio que utilizó dos delfines y dos lobos marinos para atraer clientes. Posteriormente se construyeron las primeras instalaciones en México, siendo la empresa Convivencia Marina (Convimar) la más antigua de todas y la que instaló el acuario Aragón en el zoológico del mismo nombre; a éste siguió un delfinario en el parque Atlantis, ambos ubicados en la Ciudad de México. Más tarde surge el acuario Reino Aventura, hoy Six Flags, donde se mantuvo en condiciones críticas a la famosa orca macho Keiko, que después de haber realizado la película Liberen a Willie fue trasladado al extranjero para ser liberado.

En los delfinarios del país las especies utilizadas son básicamente el delfín nariz de botella (Tursiops trucatus), ya sea del Pacífico o del Atlántico, y los lobos marinos (Zalophus californianus), además de los lobos de la Patagonia, que son importados. Los nariz de botella son animales que pertenecen a grupos sociales muy complejos. En libertad pueden viajar varios kilómetros en un solo día y viven en grupos sociales altamente organizados.

Amenaza a la especie

La captura de las especies utilizadas en los delfinarios se dio en diversos mares del país y en Cuba principalmente; otros especímenes fueron embarcados tras ser recolectados ya sea en las islas Salomón cerca de Australia o en Japón.

De acuerdo con estudios de organizaciones ambientalistas, en las islas Salomón tradicionalmente los habitantes de esa localidad cazan delfines para alimentarse, generar ingresos y también para extraer sus dientes, que se usan en las ceremonias para pedir la mano de una mujer.  Se ha documentado que sus métodos de captura son violentos y estresantes para los ejemplares, tanto que en 2007 el gobierno de las islas Salomón se unió a la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES), al ser constantemente cuestionado por la exportación de delfines vivos a acuarios de todo el mundo.

Por su parte Japón es considerado el lugar en donde se utiliza el método más violento y cruel. Cada año, a partir de octubre y por periodos de hasta seis meses, se realiza la “pesca” de delfines llamada drive fisheries, cuyo objetivo es satisfacer la demanda de carne de estos ejemplares y proveer a algunos delfinarios de ejemplares. Durante ésta, delfines, falsas orcas, ballenas piloto y otros pequeños cetáceos son acorralados con varios botes y conducidos con ruidos intensos (a los cuales los delfines son muy sensibles) hacia pequeñas caletas, donde los animales quedan atrapados hasta por tres días.  Después de este periodo los pescadores entran al mar y eligen a los ejemplares más vigorosos y jóvenes para los delfinarios. El resto son degollados uno a uno con cuchillos o arpones hasta desangrarse ya que su carne tiene gran demanda para el mercado japonés.

En el país se conocen dos casos del traslado de estos mamíferos desde Japón, uno en el año 2000 con cuatro delfines, y el otro en agosto del 2005, cuando llegaron otros siete animales a Puerto Vallarta, que posteriormente fueron enviados a Cabo Adventures. El otro caso es el de los 33 delfines  de Islas Salomón  que llegaron en 2003 al delfinario de Atlántida en Punta Nizuc. En nuestro país durante tres décadas se extrajeron delfines de aguas nacionales sin que se tengan  registros fidedignos de  forma, número, ni especies.

Nadando en el Caribe mexicano

De acuerdo con la investigación del argentino Hugo Castello, del Laboratorio de Mamíferos Marinos en Quintana Roo, el ex delfinario Acuarama de Isla Mujeres fue el primero de la zona y perteneció a la empresa Convimar, cuyo vicepresidente era René Solórzano. Llegó a tener en su apogeo un total de ocho delfines y seis lobos marinos; los delfines procedían de la Marine Mammal Foundation. El centro cerró en 1988 a consecuencia del huracán Gilberto, que devastó la isla y causó numerosos daños a la infraestructura.

Delphinus

Pioneros en el tema de delfinarios naturales, Vía Delphi nace en 1990 de la mano de Grupo Xcaret con la autorización de 12 mamíferos con los que se crearon los delfinarios en Xcaret y luego en Xel-Há.

Posteriormente se determinó seguir con la marca Vía Delphi para operar las locaciones existentes en los parques.En 2005 nace la marca Delphinus con la que signan los delfinarios, tanto los que están dentro de los parques Xcaret y Xel-Há como los que se encuentrán fuera de ellos y que se diseñaron para ofrecer el nado con delfines a las personas que no deseaban comprar un boleto de acceso a un parque para disfrutar esta experiencia. De esta forma desarrollaron tres delfinarios independientes a su concepto inicial.

Al respecto Rodrigo Constandse, director general de Vía Delphi, comenta que “para la colecta de los primeros ejemplares hicimos un convenio con el Instituto de Biología de la UNAM para realizar un estudio de poblaciones en la isla Holbox, de donde provinieron nuestros primeros cuatro ejemplares. Entonces colaboramos para informar y capacitar a los pescadores de la zona que usaban a los delfines y otras especies mayores como carnada para la pesca del tiburón. Hicimos la misma labor en Tabasco (1995)  para solicitar la colecta de organismos ante la Secretaría de Recursos Naturales (Semarnat), basados en la abundancia de ejemplares en esa zona y respetando estructuras sociales ya establecidas. También logramos importaciones de delfines de Cuba en 1996 y en 2004, cuando la ley aún lo permitía. Tras dedicar varios meses a la adaptación, desarrollo y entrenamiento de los delfines, fue hasta enero de 1992 que iniciamos los programas interactivos en el parque ecoarqueológico Xcaret con la marca Vía Delphi”.

DOLPHIN DISCOVERY

Un capital inicial de 500 mil dólares fue la inversión del grupo para iniciar operaciones en 1994 de su  primera sede en Isla Mujeres, donde contaban con tres delfines y el apoyo de 12 empleados; su segundo delfinario abre en Puerto Aventuras y el tercero en Cozumel, ambos el mismo año. Actualmente, a 18 años de creada, cuenta con 13 delfinarios.

“En ese tiempo el turista que solicitaba el servicio era poco conocedor de lo que es una experiencia de nado con delfines e inclusive de lo que son estas especies, por lo que sólo buscaban nuestro producto como parte de una actividad o entretenimiento y por vivir una experiencia en sus vacaciones, refiere Lorenzo Cámara, director de operaciones.

De acuerdo con Cámara, en los primeros 10 años, hasta 2003 o 2004, un promedio aproximado de cuatro o cinco delfines por año se importaban de Cuba, directamente del Acuario Nacional, con toda la documentación requerida y al amparo de la Convención Internacional del Tráfico de Especies Silvestres (CITES), de la que México y Cuba son signatarios. Asimismo la reglamentación nacional para la importación de los delfines o mamíferos marinos era realmente muy vaga, ya que la Ley General de Vida Silvestre y su reglamento sólo hacían referencia a que se hiciera conforme al tratado denominado CITES.

DOLPHINARIS

En  1999, Dolphinaris, propiedad de un grupo de empresarios regiomontanos, quienes contaban con experiencia en el negocio turístico en México, vieron en el Caribe mexicano la zona con mayor potencial para el desarrollo de atracciones turísticas de este tipo, por lo que construyen y operan el parque acuático Wet´n Wild, en donde también instalan su primer delfinario con una población de cuatro delfines.

“En aquellos tiempos, como sucedía en todo el destino, el poder adquisitivo del turista era mayor, la gente hacía literalmente “cola” para poder comprar el tan anhelado nado con delfines y en algunas ocasiones se tenía que poner el letrero de “sold out”, no pudiendo atenderlos a todos”,  explica Mauricio Martínez de Alva, director general.

“En torno a la captura debo decir que siempre ha sido necesario obtener permisos para la adquisición de los ejemplares. De igual manera siempre fue complicado la obtención y el traslado de éstos, ya que todo conlleva una logística especializada y detallada. La mayoría de nuestros delfines provienen de aguas de la zona del Golfo de México, con los permisos necesarios y bajo la observación de las autoridades ambientales en todo momento, puesto que fuimos guiados y asesorados por personal externo con capacidad probada y gran experiencia en estas actividades. También se utilizaba el apoyo a pobladores de la zona, a quienes se contrataba como parte del soporte logístico”, expresa.  (Continuará)

 



 

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