Cuba, oportunidad o amenaza…

 

Mucho me preguntan mi opinión acerca de nuestra futura relación turística con la más grande de las Antillas, y si se considera una amenaza, por decirlo de alguna manera, como competidor turístico para nuestros destinos.

Antes que nada quiero expresar que me produce una enorme satisfacción el hecho de que el casi inminente restablecimiento de relaciones diplomáticas, y en consecuencia también comerciales, entre Estados Unidos y Cuba pueda significar en el mediano plazo una mejor calidad de vida para los habitantes de esa querida isla del Caribe.

Un país del que existen enormes testimonios documentales de su liderazgo y protagonismo en las artes, la cultura, investigación, literatura, entre otras muchas asignaturas, que se truncaron desde hace más de medio siglo por razones mundialmente conocidas. Un país que siendo solo una isla en medio del Caribe, fue el iniciador y líder de una inimaginable lista de iniciativas y disciplinas en los inicios de la América Latina del siglo XX.

El reciente anuncio sobre la apertura de Cuba en diversos sentidos, y sobre todo el hecho de que los norteamericanos puedan viajar libremente y sin restricciones a la isla, genera curiosidad y morbo, especialmente de los medios, en relación con el planteamiento de que si ello constituiría una eventual amenaza por competencia para Cancún y la Riviera Maya, en el caso mexicano.

Para entrar de lleno y de frente al tema, no me parece en absoluto, al menos por el momento, que Cuba represente competencia ni amenaza alguna para nuestros destinos turísticos, y no lo será al menos por cinco años.

Nuestro principal mercado sigue siendo el de Estados Unidos, aunque cada día crece más y de manera acelerada el mercado nacional y de América Latina, además de nuestros clientes de Europa. Sin embargo, el viajero de Estados Unidos es el cliente número uno de nuestros destinos de playa. En ese sentido se antoja difícil que Cuba pueda competir, al menos por el momento, por un mercado para el que ciertamente no están preparados.

Un sitio en el que se corta repentinamente la energía eléctrica, como decimos en México “se va la luz”, hasta por seis horas, con todo lo que esto trae como consecuencia, no puede considerarse competitivo ante un mercado tan exigente y demandante.

Aire acondicionado súper frío, cervecitas frías, muchos hielos, camarones y ceviches fresquitos a toda hora, sistemas de televisión por cable, Internet inalámbrico a todas horas, entre otros muchos, son servicios y demanda de algunos mercados turísticos, que significan condiciones para prevalecer en el ámbito de las preferencias.

Mientras que los viajeros europeos pueden disfrutar del Caribe sin aire acondicionado, para los norteamericanos es inconcebible; para los primeros un insecto puede ser parte de la fauna exótica local, y para los segundos una tremenda falta de higiene.

No dudo que Cuba será un competidor digno, de cuidado y sumamente atractivo para muy diversos mercados, por lo que habrá que estar atentos a lo que hacen, sobre todo en materia de desarrollo de producto e inventario de actividades más que en hotelería.

Por hoy es difícil que su oferta hotelera, aun con la anunciada apertura, pueda superar a las fantásticas y vanguardistas ofertas con que contamos en Cancún y Riviera Maya, y aún, por qué no decirlo, en la República Dominicana; imposible por el momento que puedan superar la oferta gastronómica y culinaria de México, y muy lejos de llegar a la calidad y calidez de nuestros servicios. Cuba es hoy sin duda una enorme oportunidad, más que una amenaza. Una oportunidad de sinergias, una oportunidad de consolidar los tan ansiados circuitos caribeños que permitan a nuestros visitantes conocer más de una isla.

No me ufano ni les desprecio, no presumo ni les descalifico, de ninguna manera, simplemente me queda claro que hoy la querida isla, dueña de la rumba, el son y el mejor tabaco del mundo, no representa una competencia turística para los destinos del Caribe mexicano. Para otros quizá, pero para nosotros no.

El escenario cambiará sin embargo en el mediano plazo, que desde mi opinión será de cinco a siete años, cuando las inversiones de todo tipo lleguen a Cuba y se convierta entonces en una potencia turística de mucho cuidado y respeto. Será entonces…

El pensamiento caribeño, del cual me considero parte orgullosamente, puede ser una hermosa realidad con el resurgimiento de Cuba.

 

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