Cuarenta y siete años de Cancún… ¿Celebramos?

Definitivamente yo creo que sí celebramos, aunque existan pesimistas, amargados y detractores.

Está clarísimo que Cancún a sus 47 años presenta enormes retos y oportunidades, y que sin duda tenemos mucho por qué preocuparnos, y mucho que proponer para mejorar como ciudad y como sociedad, además de que hay también numerosos reclamos que formular a muy diversos actores, tanto del sector público como del privado e incluso de la sociedad civil.

Sin embargo, a pesar de ello, es necesario reconocer que Cancún ha sido sin duda un caso de éxito de desarrollo económico y modelo de crecimiento que aún podría ser replicado.

El mismísimo Gustavo Díaz Ordaz, presidente de México al final de la década de los 60´s, no hubiera imaginado lo que iba a suceder en esta parte de la República cuando dijo en su informe de gobierno en 1969:

“En breve se implementará un importante programa integral turístico como medio para fortalecer el desarrollo regional. Su objetivo es no solo atraer divisas sino emplear los recursos de las propias regiones para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes.”

Y es que los políticos siempre hablan bien del turismo sin creer en él; sin embargo, en esa ocasión al Gobierno mexicano le salió bien y atinaron en descubrir un sitio que en verdad cambiaría la realidad de muchos mexicanos y en cierta manera la economía del país.

Cancún es un caso de éxito aunque se hayan cometido errores, porque de un sitio en el que no había absolutamente nada más que palmas de cocos se desarrolló un polo turístico que atrajo inversiones, que cambió la realidad del entonces Territorio de Quintana Roo y que al paso de los años pasó de ser una de las entidades con mayor pobreza y los últimos lugares en generación de empleo a uno de los líderes en el país en captación de divisas, creación de empleos y generación de riqueza.

No obstante, Cancún es criticado por sus detractores, por los ambientalistas a ultranza y desde luego por sus competidores, debido a los errores cometidos en materia de sustentabilidad y deterioro del medio ambiente, pero aun con ello es un modelo de desarrollo exitoso que a partir de la nada se ha mantenido a lo largo de casi cinco décadas en la preferencia de miles y ahora millones de viajeros de todo el mundo, que ha dado empleo a miles de mexicanos y acogida calurosa a ciudadanos de todo el orbe que han encontrado en Cancún una oportunidad de desarrollo, inversión y también de generación de riqueza.

Pero es claro que también debemos hablar a 47 años de los errores, de los fracasos y de los retos por enfrentar.

Si bien el Plan Maestro original era casi perfecto y esto lo hemos comentado tantas y tantas veces en este y en otros espacios, la planeación, metodología y estrategias no contaban, como pasa tantas veces, con el error humano y mucho menos con la corrupción que nos lacera. No se contaba con la actuación de los presidentes municipales y sus cabildos que vinieron a dar al traste con tan magnífica planeación y que pasaron por alto densidades, usos de suelo, trazos originales y que se vendieron en su mayoría al mejor postor.

Y fue así, a causa de la corrupción, del oportunismo desmedido, de la ambición de muchos y la falta de compromiso de otros tantos, que se cambiaron densidades y usos de suelo ante el embate de las poderosas chequeras y se fue soslayando paulatinamente pero con consistencia al plan original, dando lugar a la suerte de caos que tenemos actualmente como ciudad, aunque miles de turistas no se den cuenta de ello por fortuna.

La vialidad en lo general, por ejemplo, en 2017 es un desastre en Cancún; falta de estacionamientos, tránsito vehicular desquiciado a todas horas, transporte público deficiente y vergonzoso, largas horas para llegar a los centros de trabajo, entre otras penalidades, en mucho debido a la falta de visión desde años y por supuesto a la falta también de voluntad política para resolverlo.

Hay cosas que se pueden hacer aún, entre ellas, por ejemplo, aprovechar el cuerpo lagunar para impulsar el proyecto de Transporte Urbano en la laguna Nichupté.

Se hace necesario asimismo un Estudio Integral de Movilidad y Transporte en todo el municipio que aporte la posibilidad de nuevas tecnologías, de nuevos y mejores sistemas de transporte público, que privilegie el uso de las ciclovías, de los centros multimodales, y que ponga en orden a tantos y tantos comercios, colegios particulares y plazas comerciales, entre otros, que no cuentan con estacionamientos o áreas apropiadas de acceso, ascenso y descenso.

En suma, tenemos de qué congratularnos a casi 50 años, pero también hay mucho aún por hacer. Al Buen Entendedor…

 

 

 

 

 

 

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