Cancún a la carta

Alentamos el turismo gastronómico, como muchos otros nichos, pero cuando profundizamos en los respectivos temas advertimos una constante: gobiernos y empresarios no logran conciliar intereses, en la mayoría de los casos –ni vanidades.

El tema de portada que en esta edición nos ocupa, Grupo Lorenzillo´s, es una prueba irrefutable de lo que ha venido ocurriendo en la industria restaurantera con énfasis mayor en los centros turísticos, y en virtud de que el Caribe mexicano es el más representativo del país, es donde se ha gestado una historia interesante con repercusión nacional, para bien… y para mal.

PARA BIEN. Como coinciden respetables restauranteros pioneros, el desarrollo de la industria restaurantera es versátil, cosmopolita y dinámico. Es asombroso la gran variedad de restaurantes en la zona con gastronomía de todo el mundo y con un nivel de calidad muy alto en alimentos y servicio, y sin lugar a la duda el Caribe mexicano ocupa el sitio número uno en el sector a nivel nacional. “Tenemos para dar y repartir conceptos”… como es el caso de Grupo Lorenzillo´s, como lo es también de Grupo Cambalache, Grupo Operadora Anderson´s y Grupo Rolandi, los fuertes pilares del sector, y quienes han repetido el éxito de sus productos en destinos como Los Cabos, Ciudad de México, Acapulco e incluso EU y España.

Esta corriente originada en la remota isla quintanarroense no hubiera tenido cabida si no fuera por la industria hotelera, también vertiginosa, cosmopolita y dinámica que se ha construido.

PARA MAL. Pero también a ésta se le atribuye el descalabro de una industria que ha sido boyante históricamente, pero condenada por la modalidad All Inclusive, “un tema trillado, manoseado”, como advierte nuestro protagonista de portada, Salvador Vidal, pero también imparable e irreversible…

Lo reconocen los restauranteros más acreditados de la región, nada se puede hacer contra tendencias mundiales. Tampoco legalmente. La Constitución mexicana es muy clara en ese sentido, el comercio es libre.

Algunos advirtieron la catástrofe, y propusieron esquemas para evitar que la epidemia del all inclusive pusiera en cuarentena a los turistas durante su estancia, en todos los sectores: comercial, entretenimiento y gastronomía, y repercutiera en otras áreas económicas alimentadas por el destino.

Y ahí vino el desencuentro entre gobierno y empresarios. No hubo conciliación para abogar por una Ley de Turismo a fin de regular entre los nuevos y viejos predios hoteleros un porcentaje de cuartos destinados al plan europeo tradicional, y otro tanto al all inclusive.

Por añadidura, la voracidad de esta modalidad hotelera que permeó en toda la hotelería del Caribe mexicano -salvo cuatro excepciones al día de hoy-, implicó la inclusión de una oferta gastronómica respetable dentro de los all inclusive, dando paso a nuevos conceptos gourmets de cara a la competencia.

Alentamos el turismo gastronómico, uno de los grandes clubs de productos incluidos en la sombrilla Caribe mexicano. No va a ser per sé el gancho principal para atraer al turista, pero sí uno de los elementos para alentarlo y para competir con otros destinos. Sí en nombre de la cocina mexicana, Patrimonio Intangible de la Humanidad por la Unesco, pero también por la ajena, ejecutada con extraordinaria maestría en esta latitud 21.

PARA BIEN Y PARA MAL. Los gobiernos y los empresarios están condenados a entenderse para trabajar por un bien común…. Y conciliar también vanidades.

 



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