Tengo que confesar que me llevé algunas regañizas por andar propalando que no votaría por Chichén (ni por ningún otro), en el certamen de las Siete Nuevas Maravillas.
Hasta el muy flemático Armando Millet lo calificó como un déficit de mi espíritu patriótico y fingió enojarse (es todo un caballero), cuando le repliqué que él tenía de maya lo mismo que yo: nada.
Pero en fin, ganó Chichén y, por lo pronto, los derechos de transmisión de la ceremonia fueron tan costosos que ni Televisa se animó a cubrirlos. De todos modos, tuvimos transmisión en vivo, pues la delegada en España del CPTM, Jimena Caraza, concurrió al estadio en Lisboa, y desde ahí, vía celular, hizo un enlace con su director, Francisco López Mena, quien fue anunciando los resultados en conferencia de prensa conforme se producían.
La Muralla China, informaba Jimena y López Mena repetía, la Muralla China.
Qué más, preguntaba López Mena.
Pérate, decía Jimena, le están entregando su placa a la Muralla.
Así, a paso de tortuga, se fueron desgranando nombres, el Taj Mahal, Machu Pichu, Petra, con un creciente nerviosismo, hasta que el dulce nombre de Chichén surgió en quinto lugar.
Gracias a eso, ahora sabemos lo que ya sabíamos, que Chichén es una maravilla, pero tendremos que pagarle regalías a un suizo si queremos estamparlo en camisetas y cartelones.
Por cierto, el astuto suizo aprovechó la ceremonia para anunciar que iniciaba la cuenta regresiva de las Siete Maravillas Naturales del Mundo, otro certamen de popularidad, pero ahora entre cataratas, cañones, glaciares y selvas tropicales, para ser anunciadas en el verano del 2008. Y de este lado, TV Azteca arrancó con un certamen casi idéntico, Las 13 Maravillas de México.
Doy por descontado que estos concursos no tienen nada de inocentes. TV Azteca, por ejemplo, está promoviendo la etapa de las candidaturas, pidiendo a los gobiernos de los estados que inscriban tantas Maravillas como quieran, al módico precio de dos millones de pesos por candidatura.
Como no hay gobernador que no entienda el provecho de llevarse bien con TV Azteca, ahí tendremos 50, u 80, o 120 parajes mexicanos, disputando el derecho a ser Maravilla a cambio de un generoso patrocinio.
No sé si eso esté bien o esté mal, pero a mí me parece indecente tener que pagarle a alguien, sea TV Azteca o un suizo, (que no puso nada más que saliva), para poder decir que Cancún, o Holbox, o Cozumel, o Sian Ka’án, o Chinchorro son una maravilla.
Pero mi objeción de fondo es el método. En pocas palabras, estamos sometiendo a la cultura a un concurso de popularidad. Por ese camino, ¿por qué no organizar el certamen de las Siete Novelas Más Maravillosas del Mundo? ¿O las Siete Sinfonías Más Fregonas? ¿O las Siete Poesías Más Cachondas?
Más allá de sus méritos, y ese es el mensaje que estamos mandando, el valor supremo es la popularidad, es decir, no cuenta la calidad sino la manipulación emocional del auditorio, aunque esa es la esencia de cualquier popularidad.
Si nos vamos a ir por ahí, yo digo que al menos le echemos imaginación y lancemos el certamen de Los Siete Políticos Más Maravillosos y Más Próceres de México. Ellos tendrían que pagar su inscripción (les sobra lana), financiar sus campañas de imagen (con recursos malhabidos, desde luego), y se les permitiría cualquier cantidad de artimañas electorales, incluida la de votar varias veces por sí mismos.
Así, podríamos saber la verdadera aceptación y prestigio de individuos como el desgobernador poblano Marín, el otro desgobernador, Ulises de Oaxaca, el Napo Gómez Urrutia (ahora vecino de Pamela Anderson), la tremebunda Elba Esther, la escurridiza Martita, el insoportable Presidente Legítimo, el clan Salinas de Gortari y varias docenas más de candidatos a la posteridad, cuyas raterías y truculencias, bien vistas, deberían considerarse parte integrante de nuestro folclor y, por ende, un sólido atractivo turístico.
Eso sí, que sepan de una vez que en el Caribe mexicano la tienen perdida, porque en estos lares nuestro corazón y nuestra intención de voto le pertenecen por completo al afamado bandido….perdón…qué cosas digo…mhhh…a la blanca palomita llamada Mario Villanueva.