Año 3 Número 28 Julio 2005

Rosendo Leal,
la palabra,
el eco


Jorge González Durán

"De la isla conozco el olor, la forma y la textura de la arena.
Sé que no pertenezco a ella.
Pero la siento mía por derecho de amor".
José Emilio Pacheco.

 

Escucho la grabación de una entrevista a Pedro Joaquín Coldwell hecha en 1983 por Rosendo Leal Sánchez y este escribano -en la que anuncia la creación de dos instituciones: el Sistema Quintanarroense de Comunicación Social y el Instituto Quintanarroense de la Cultura- y es inevitable volver la vista hacia atrás. Y entonces, en el espléndido y equívoco espejo de la memoria aparece Rosendo con parsimonia, con su dicción correcta, su trato afable y el adjetivo imprevisto cuando se habla de personas conocidas y de cosas cercanas a todos a la hora de la tertulia en el café Pop o en la pastelería Capellesso.

Y entonces veo a Rosendo en la Secretaría del Ayuntamiento de Cancún, el primero, el que presidió Alfonso Alarcón Morali. Allí, en los cajones de su modesto escritorio guarda fotos de los primeros meses, semanas, días de Cancún. Me las muestra, y me va señalando calles, me dice fechas exactas y los nombres y apellidos de quienes allí aparecen con rostros sudorosos y sonrientes junto a tractores, camiones de volteo y árboles de chico-zapote.

Rosendo llegó de su Puebla natal a esta ciudad en gestación y el Caribe lo encandiló. Así le ha sucedido a muchas personas orgullosas de su trashumancia: sin querer echaron raíces aquí, y luego ya ni siquiera pensaban que la vida pudiera darse, darse con plenitud, en otra parte.

Rosendo falleció en 1989, en Chetumal, siendo director del Sistema Quintanarroense de Comunicación Social. Antes había sido delegado del Instituto de Protección al Consumidor y había incursionado en el periodismo escrito y electrónico. Juntos hicimos el primer noticiero de la entonces -1983- única radiodifusora privada de Cancún, la XEYI, propiedad del vate Ricardo López Méndez y cuyo gerente era el incansable Ricardo Roche. CANCUN AL DIA se llamaba el tempranero programa que abrió un camino ahora ya muy explorado en las radiodifusoras de Cancún.

También editó un semanario heterodoxo, AQUI CANCUN, que causó polémica en la ciudad por su desenfado para hablar de los personajillos de la política local de entonces.

Rosendo no hablaba de la muerte, ni cuando la presintió una tarde lluviosa de la Ciudad de México, en el Café Habana. Llegamos a la mesa del café cansados después de caminar de la calle Madero hasta Bucareli. Rosendo estaba feliz con los quince tomos de la Enciclopedia de México que había comprado. Nos acompañaban el poeta Ramón Iván Suárez Caamal, autor de la letra del himno a Quintana Roo, y el historiador Francisco Bautista Pérez.

Fue cuando Rosendo nos dijo: "Lo único que realmente poseemos es el pasado. El presente es muchas veces infiel y el futuro es inasible. Nuestro único patrimonio es el pasado".

Y luego se quedó en silencio. Sabedores de su enfermedad, también permanecimos en silencio.

Rosendo era un cancunense como pocos. Conocía su ciudad, la amaba, se preocupaba por ella, le dolían sus prematuras arrugas.

Los gobernadores Pedro Joaquín y Miguel Borge apreciaron sus cualidades de hombre honrado y eficaz. El, por su parte, les supo cumplir en su momento con lealtad y transparencia en las encomiendas que asumió en el sector público.

Los cancunenses de hoy deben saber que esta ciudad fue posible gracias a hombres nobles e inteligentes como Rosendo. En la Región 95 hay una biblioteca que lleva su nombre, que ojalá algún día se convierta en un espacio cultural digno de nuestra ciudad. Esta ciudad que guarda el eco de voces nobles como las de Rosendo.

 

 
 
 
2005 Latitud 21. Derechos Reservados.