Adónde va maduro

Venezuela es un país localizado en la parte septentrional de Sudamérica. Con una superficie de 996,445 km2, ocupa el puesto número 33 por tamaño en el mundo (ligeramente menos de la mitad de lo que es México), y con una población estimada de 32 millones de habitantes ocupa el puesto número 44. Yo no he tenido la oportunidad de conocer esa gran nación, pero tengo amigos venezolanos que me hacen sentir respeto y cariño por ese país, aún sin conocerlo.

Pues resulta que entre sus curiosidades, Venezuela es el país con la más alta reserva probada de petróleo en el mundo (298 mil 350 millones de barriles), inclusive por arriba de cualquiera de los países de la OPEP, como Arabia (267 mil millones) que es el número dos o Rusia (79 mil) que es el número nueve, USA (17 mil) que es el número 14; China (15 mil) que es el número 15; México (12.7) que es el número 18 y Brasil (12.6) que es el número 19. Es decir, que la reserva probada de petróleo en Venezuela es aún mayor que la de Rusia, USA, China, México y Brasil juntos. Increíble. Pero por si esto no fuera poco, Venezuela también es número uno en inflación en el mundo. Con un estimado de 720% en 2017 y de más de 2,000% en 2018, este campeonato es difícil poder arrebatárselo a Venezuela, cuando la inflación de México es de un seis por ciento en 2017, la más alta en los últimos años, la de Estados Unidos es menor al uno por ciento y la de los países miembros de la OCDE es de 1.9%.

Pero hoy en día, más que ser conocida por su inflación o reconocida por sus reservas petroleras, Venezuela es conocida por el caos social y económico a la que la ha llevado su presidente Maduro. Cuando se pensaba que habíamos escuchado todo de este personaje, salió el pasado 1 de mayo con la noticia de que convocaría a una Asamblea Constituyente, para adoptar una nueva Constitución que le permita acabar con las personas y las instituciones que se le opongan. Una Asamblea Nacional Constituyente para reformar el Estado y redactar una nueva Constitución a la imagen y semejanza de Maduro. Así de simple.

Tengo que reconocer que por muy absurdo que parezca, este tipo de propuesta al menos ha servido para unir a la oposición en contra de ella y al mundo en contra de Maduro. Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), ha tomado una postura firme en contra de Maduro, cuando precisamente en la última reunión de la Asamblea General del organismo, la número 47, celebrada el 19 y 20 de junio pasado en Cancún, se  buscara una resolución que sancionara a Venezuela con inclusive posibilidades de suspenderle la membresía a esta organización, resolución que no se obtuvo por no conseguirse los votos requeridos. La reacción de Venezuela fue la de anunciar su retiro de la OEA para evitar ser expulsada, procedimiento que llevará dos años y, si se llegara a concretar, sería la primera ocasión que un país miembro de la OEA se retirara.

El tema de Venezuela es cada vez más complicado. Con más de cien días ya de revueltas, paros y marchas y más de cien muertos en estos movimientos ciudadanos, el país se le va de las manos a Maduro en su intento de la Asamblea Constituyente. México, al igual que la gran mayoría de los países americanos, como Estados Unidos, Colombia, Chile, Brasil y Argentina, se pronuncia en contra de este intento de golpe de Estado a la democracia que pretende Maduro y pide suspenda la Asamblea Constituyente. Estados Unidos inclusive amenaza con sanciones económicas, al ser el principal cliente del petróleo que genera Venezuela, de suspender sus compras, lo que sería la última estocada a este toro moribundo. La respuesta de Maduro: “Asamblea Constituyente sí, sí, sí”, cual niño caprichoso al que le niegan un juguete o una golosina.

Para cuando ustedes lean este artículo, en agosto, es muy probable que ya se haya establecido la Asamblea Constituyente, convocada para el 31 de julio por Maduro, y estén trabajando el guión de este nuevo capítulo en la novela venezolana llamada ‘INMADURO’.

Confiemos en que el pueblo de Venezuela pueda resolver esta tragedia que viven sin mayor derramamiento de sangre y que México, por conducto de su secretario de Relaciones Exteriores, intervenga y ofrezca a Maduro refugio político en este país, pues la experiencia política y capacidad de poder comunicarse con los pajaritos de este personaje podrá ser aprovechada por algún partido político en las próximas elecciones en México. Todo sea por Venezuela.

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