Año Número 25 Abril 2005

Desde hace años los más destacados líderes políticos y económicos del mundo se reúnen, a principio del año, en la ciudad Suiza de Davos en el Foro Económico Mundial, que ya se conoce como el Foro de Davos.

Directores de grandes empresas transnacionales como Bill Gates, financieros como Soros, jefes de Gobierno como Tony Blair, ex presidentes como Bill Clinton y directores de grandes organizaciones no gubernamentales, precisamente por ser líderes mundiales en ámbitos tan distintos son capaces de discutir cuestiones globales de la agenda internacional, que afectan a toda la humanidad, como seguridad mundial, calentamiento global, el Sida en África, la corrupción gubernamental y la inestabilidad financiera internacional, entre otros, así como llegar a acuerdos que tienen un efecto multiplicador muchas veces mayor que los acuerdos entre jefes de Gobierno.

En la última reunión destacan dos puntos. En primer término Bill Gates, el hombre más rico del planeta, exigió tomar medidas para erradicar la malaria y el Sida que están provocando la muerte de millones de seres humanos en el continente africano.

Bill Gates, unilateralmente y de su propio bolsillo, anunció un apoyo de 750 millones de dólares para iniciar una campaña de vacunación masiva en África. Frente a este ejemplo Tony Blair comprometió a la Gran Bretaña a destinar dos mil millones de dólares al mismo fin.

Este fue un auténtico triunfo de la conciencia internacional de los ricos y poderosos hacía la solución concreta de un gran problema humano.

El segundo punto, que nos permitimos destacar en el pasado Foro de Davos fue presentado como Iniciativa 2005 Global Governance, la cual en su parte medular dice: "La globalización ha incrementado el alcance e influencia del sector privado, al mismo tiempo que ha debilitado la habilidad de los estados nacionales para gobernar la esfera política.

"Ha otorgado nuevos derechos y oportunidades a las compañías globales y en la misma medida las ha enfrentado a nuevas presiones competitivas, riesgos y mayores demandas de responsabilidad corporativa, transparencia y rendición pública de cuentas".

El hecho es que las grandes empresas mundiales ya no sólo deben rendir cuentas y tener responsabilidad frente a sus accionistas o shareholders, sino también hacia el público en general, hacia los ciudadanos o stakeholders que les hacen posible existir y crecer a nivel global, es decir, ante las comunidades legítimamente interesadas en su comportamiento.

En una sociedad moderna, que se sabe directamente afectada por el comportamiento de las empresas privadas, la presión social permite optimizar la aportación del sector privado al desarrollo económico y minimizar las actividades depredadoras tradicionales en muchas empresas: daño al medio ambiente, violación de los derechos laborales, creación de monopolios, sobornos a gobiernos, etc.

En la reunión de Davos del pasado mes de enero, 62 grandes empresas transnacionales de los sectores de la energía, la minería y la construcción se comprometieron a un pacto de tolerancia cero en materia de sobornos a gobiernos.

Las propias grandes compañías reconocen la necesidad de un ambiente global de libre y equitativa competencia y ven en el soborno una competencia desleal que, al cabo, afecta severamente a las grandes empresas.

Dentro del reglamento de este pacto, las empresas se comprometen a no llevar una doble contabilidad y a publicar siempre las aportaciones de carácter filantrópico a particulares y/o partidos políticos con plena transparencia.

No cabe duda de que tanto los gobiernos como los empresarios deben conocer y reflexionar sobre las conclusiones del pasado Foro de Davos, que claramente exige gobiernos honestos, respeto a las leyes y empresas socialmente responsables, como camino seguro al desarrollo económico y bienestar social.

 

 
 


 

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