La fórmula trágica resulta de los intereses harto mezquinos y nada comunitarios de una empresa pésimamente administrada (Tribasa), en combinación con los afanes protagónicos y futuristas de un gobierno extraviado (el no tan H. Ayuntamiento de Benito Juárez, dando lo mismo que se apellide Canabal o García Zalvidea). El resultado es incalificable, porque ningún término se antoja adecuado ¿Contingencia permanente? ¿Catástrofe ambiental? ¿Ecocidio? No hay palabras para describir un atentado a la ciudadanía que se incrementa todos los días con 200 toneladas de basura. Más allá de que el entuerto tenga solución (que no se ve fácil), la pregunta que inquieta es cuánto tiempo más puede aguantar nuestro paraíso.