Año 2 Número 20 Noviembre 2004

Mientras más información hay al respecto, cada día se conocen más y más casos de estos dos padecimientos: anorexia y bulimia, que desgraciadamente se hacen populares principalmente entre la población joven, aunque la adulta no está exenta de padecerlas. Es por ello que creo oportuno dar algunos detalles de las mismas que puedan ser una señal de alerta entre los familiares y amigos.

La anorexia y la bulimia son trastornos alimenticios que se presentan generalmente en las personas jóvenes que desarrollan un verdadero temor paralizante a subir de peso y engordar.

En el caso de la anorexia, el temor a la gordura provoca una restricción radical del aporte de energía, lo que conduce a un marcado adelgazamiento. En la bulimia existen episodios de atracones masivos de alimentación (ingestión de alimentos en un corto tiempo, dos horas como ejemplo, en cantidades superiores a cualquier persona), los cuales van seguidos de vómitos autoinducidos y el uso de laxantes.

La anorexia es un trastorno psiquiátrico en el cual están involucradas unas relaciones destructivas en el seno de la familia y unas poderosas fuerzas culturales cuyo resultado es un gran temor a engordar. Los síntomas se presentan generalmente en la pubertad. Los pacientes, a pesar de la demacración de sus cuerpos, niegan tener hambre y no aceptan verse delgados o decaídos

En la bulimia, la ingestión episódica de atracones de grandes cantidades de alimentos se asocia a una conciencia de que el patrón de alimentación es normal, a temor de no poder suspender voluntariamente la ingestión y a la depresión después del acto. Estos episodios bulímicos van seguidos de vómitos provocados, con o sin toma de laxantes. Los pacientes siempre tratan de mantener el secreto de la ingestión-vomito. La pérdida de peso no es tan intensa como en el caso de la anorexia.

Ambos padecimientos pueden causar trastornos metabólicos importantes que llevarían al paciente a un estado crítico e incluso a la muerte, pues se habla de una mortalidad que va del cinco al seis por ciento. Son signos de mal pronóstico el comienzo después de los 20 años, los vómitos intensos, pérdida extrema de peso y la terrible depresión.

No existe un tratamiento específico sino tratamientos de apoyo como la psicoterapia, asesoramiento familiar, la hospitalización para el soporte nutricional y hasta el uso de antidepresivos.

Los tiempos de tratamiento son prolongados y llenos de tropiezos y fracasos, por lo cual se requiere de una férrea perseverancia por parte de los familiares, el paciente y el médico.

 
 
 
 


 

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