| Me pesa decirlo, pero estoy convencido de que la actuación política de las cúpulas empresariales de Cancún, en las últimas semanas, ha sido decepcionante.
No estoy sugiriendo que esas entidades no deben participar en política. De hecho fueron creadas para tal fin, y su principal misión es la defensa de los intereses de grupo, a través de proyectos que promuevan el desarrollo económico, como la recuperación de playas, como el rescate de Punta Cancún, como la devolución del IVA a los turistas, como la rehabilitación de la Colosio , y como tantas otras que, juntas y sumadas, constituyen un programa ejemplar de participación empresarial.
Pero si bien su misión es económica, su historial no ha sido ajeno, y eso también las honra, a batallas puramente cívicas y bastante políticas, como la promoción del voto y la limpieza electoral, o como la reciente promulgación de la Ley de Transparencia.
Pero una cosa es defender principios y otra muy distinta abanderar causas de dudosa utilidad. En resumen, me gustaría saber cómo se benefician sus agremiados con esa precipitada descalificación de la anterior autoridad municipal, y con esa confrontación inicial con el actual gobierno de facto.
Como argumento se asume el respeto a la 'legalidad', pero la legalidad es un concepto bastante etéreo cuando la Suprema Corte de Justicia, que resulta ser el órgano que determina lo que es legal y lo que no lo es, parece respaldar la postura contraria.
A eso hay que añadir una notable falta de visión, pues no se entiende qué pretendía la cúpula cuando exigía que se fuera Carlos Canabal. ¿Acaso deseaba que lo sustituyera Roberto Estrada, un primer regidor también de facto, por el que nadie votó? ¿O quería que regresara Julio Rodríguez, un primer regidor que al renunciar estaba implicado en escándalos de corrupción? ¿O es que reclamaba que terminara su periodo Chacho, un presidente municipal de quien ellos mismos pidieron su remoción al Congreso?
Aquí no hay estrategia, ni rumbo, ni mando. Ahí hay una confusión monumental, y la dolorosa sospecha de que le estamos haciendo el trabajo sucio a alguien.
Por si lo anterior fuera poco, da pena ver los métodos de lucha que se usaron, bastante más propios de una facción subversiva. Si no, ¿a qué vienen esas incendiarias conferencias de prensa y ese afán de litigar el caso en los periódicos? ¿A quién se le ocurrieron esas convocatorias a no pagar impuestos? ¿De dónde salieron esos llamados a la 'desobediencia civil' y a la 'resistencia pacífica'? Y a la postre, ¿qué postura es esa de afirmar que se reconoce el gobierno de hecho, pero no de derecho?
Ya hasta parecemos perredistas.
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