La Dolce Vita
-Vas a decir que soy un snob, Sal, pero en este lugar me siento como en casa.
-Si lo que insinúas en que en casa se debiera cocinar así, Pimienta, creo que vamos a tener un desencuentro.
-Yo podría comer así todos los días, fíjate, porque las recetas son simples, aunque los platos tengan un toque de sofisticación. Mira, por ejemplo, los pescados. Un salmón al limón o un pescado blanco al cilantro, ambos acompañados con verduras al vapor y pasta a la mantequilla. Es lo que yo llamaría una cocina honesta.
-Mira que también hay un pescado al hojaldre, algo más elaborado.
-Siempre encuentras una viga en el menú ajeno. Pero deja de criticar y trata de entender el concepto. Mira las ensaladas: de espinacas, de lechuga, de jitomate, o sea, ingredientes básicos, aderezados con salsas refinadas. Mira las entradas: pimientos, champiñones, carpaccios, condimentados con especies magnéticas. Y mira los platos fuertes: pollo, ternera, filete de res, cada uno en recetas tradicionales. Es, ni más ni menos, lo que imagino se sirve en la mesa de un potentado o un embajador.
-Pues apúrate a ser potentado o embajador, Pimienta.
-Voy a ignorar la ironía de tu comentario, porque me interesa elaborar el punto. No hay muchos lugares en Cancún que tengan una oferta semejante, es decir, recetas clásicas, porciones generosas, y una sazón tradicional, sin pretensiones. Con razón se está convirtiendo en el comedero de moda a mediodía, pues se presta de maravilla para las comidas de negocios.
-En eso tienes razón. Si caes ahí a mediodía, de seguro te encuentras a varios conocidos. Y tal vez a alguno que quieras conocer.
-Parte del secreto deben ser los precios. De los buenos lugares del centro, es sin duda la oferta más razonable. Muchos platillos andan por debajo de los 100 pesos, y casi ninguno arriba de 150. Es comida de restaurante, a precio de tratoría.
-Lo que sí noto es un poco corto el menú.
-Coincido contigo, Sal, la variedad está limitada. Si vienes una vez a la semana, en poco tiempo te aburres. Cierto, siempre hay especiales del día, y suelen ser platos más audaces, como codornices o conejo, y siempre te ofrecen cambiar una salsa por otra, una guarnición por otra, una especie por otra. Pero eso no quita lo que dijiste: no estaría mal ampliar la carta.
-¿Y qué me dices del vino?
-Te digo lo mismo: la carta es muy corta, pero los precios son más que justos. Sin ser un experto, creo que duplican el precio del súper, cuando en otros restaurantes lo triplican, y hasta lo cuadruplican. No hay mucho de dónde escoger, pero sí tienes algunos varietales de España, de Italia, de Estados Unidos, y hasta un malbec de Argentina. Para acompañar una comida honesta, un vino honesto.
--Y si te sientes como en casa, Pimienta, ¿por qué no me duplicas el gasto?
-Otro comentario que me siento tentado a ignorar. ¿Qué piensas ordenar hoy?
-Creo que voy a empezar con la ensalada de endivias, aunque me voy a quedar con el antojo de la alcachofa a la vinagreta. Y de plato fuerte, me están tentando el osobuco y la ternera. Voy a preguntar si me lo pueden hacer a la cacerola. ¿Y tú?
-Definitivamente me quedo con los espárragos frescos, de entrada, y luego estoy indeciso entre el lomo de dorado al ajillo, con chispas de camarón, o una pasta larga con almejas, en salsa roja.
-Pues no estará tan corto el menú si ambos estamos indecisos. ¿Por qué no le preguntamos a Juan José? ¿O a Pedrito?
-Yo creo que esa posibilidad es uno de los encantos de este lugar. Aparte de que todos tienen años trabajando aquí, los capitanes y los meseros no sólo son en extremo atentos, sino incluso se muestran amigables. Pero no amigables de decirte 'amigo, ¿de dónde nos visita?', como los opc's. Amigables de platicar contigo cuando llegas solo, saludarte por tu nombre, estar pendiente de tus bebidas, pedirle al valet que te traiga tu coche.
-Pues a ver a quién le preguntas, porque quiero saber qué acaban de servir en la mesa de junto.
-Yo te lo digo: es queso provolone fundido, cubierto de jamón serrano, en una salsa de champiñones.
-Pues ahora quiero eso, Pimienta. Y si quieres comer así en casa, me tienes que duplicar el gasto.
-De eso ni hablar, Sal. Lo único que te pienso duplicar esta noche son los placeres de la dulce vida. |