Marketing es una materia social, y como tal debe promover el bienestar de los hombres. De este punto se hace válido enlistar una síntesis de propuestas que provienen de un discurso de Juan Pablo II, emitidas con motivo de la XXIV Jornada Mundial de Turismo celebrada hace casi dos años.
Dicha jornada tuvo como tema central: El turismo, elemento propulsor de la lucha contra la pobreza, para la creación de empleos y la armonía social. Las premisas más valiosas de dicho discurso, a mi juicio, promueven:
1) El turismo es una expresión de la vida social con implicaciones de diversa índole, jugando un papel relevante en la lucha contra la pobreza. Viajando se conocen lugares y situaciones, y se cae en cuenta de cuán grande es la brecha entre los países ricos y los pobres.
2) La relación directa del turismo con el desarrollo integral de la persona debería orientar su servicio, como el de todas las actividades humanas, a la edificación de la "civilización del amor".
3) El turismo implica un encuentro de personas de culturas diversas. Sobre todo en los países en vías de desarrollo. El turista difícilmente puede evitar entrar en contacto con realidades dolorosas de pobreza y de hambre. En este caso, no sólo es necesario resistir a la tentación de encerrarse en una especie de "isla feliz", aislándose del ambiente social; más aún, es preciso evitar aprovecharse de la propia posición de privilegio para explotar las "necesidades" de la gente del lugar. Por tanto, la visita ha de ser ocasión de diálogo entre personas de igual dignidad; motivo de mayor conocimiento de los habitantes del lugar y de su historia y cultura, y apertura sincera a la comprensión del otro, que desemboque en gestos concretos de solidaridad.
4) Es necesario someter en el futuro a un análisis ético-moral a mecanismos económicos, financieros y sociales, los cuales, aunque manejados por la voluntad de los hombres, funcionan casi en automático, haciendo más rígidas las situaciones de riqueza para unos y de pobreza para otros.
5) La actividad turística debe ser un instrumento eficaz para la reducción de la pobreza, para la promoción del crecimiento personal y social de las personas y de los pueblos, y para la consolidación de la participación y la cooperación entre las naciones, las culturas y las religiones.
Luego de leer estas ideas, me quedan por responder algunas preguntas:
¿Cuántos mecanismos efectivos tenemos en el área para incentivar programas de educación básica provenientes del apoyo directo del turista?
¿Cuántas empresas evaden al fisco al no declarar ingresos en efectivo?
¿Cuántos empleados trabajan en hoteles de lujo y duermen en casas de cartón, o trapean pisos de Spas de primera y no tienen agua potable en casa?
De verdad, ¿por dónde empezar a hacer algo para solucionar, aunque sea un poquito, semejantes diferencias?
El turismo, en efecto, es elemento propulsor de la lucha contra la pobreza al ser generador de fuentes de empleo; en todo caso, en el Caribe mexicano aún no se ha encontrado el arnés para también convertirlo en propulsor de una armonía social, en el entendido que ésta también es un resultado del arte del marketing empresarial y gubernamental. Todos aspiramos a ser reconocidos por la obra que nos toque ejecutar, más aún tratándose de un destino turístico de relevancia internacional y siempre en el ojo del huracán. |