Año Número 24 Marzo 2005


Sal y Pimienta

* Las críticas que presentamos en este espacio gastronómico están soportadas en las experiencias personales de expertos en restaurantes de Latitud 21. Todos los lugares que se mencionan aquí son visitados en anonimato y Latitud 21 paga por el consumo. Ningún desembolso de otro tipo influye en los comentarios de este espacio gastronómico.

 

Como esta edición celebra el segundo aniversario de Latitud 21, yo te sugiero que en esta ocasión no hablemos de comer, sino de beber. ¿Qué me dices, Sal?

- ¿Cómo una especie de brindis, Pimienta?

- Exacto, y muy oportuno, además. Y el tema no puede ser otro que la pequeña revolución, o más bien la gran revelación que se está dando en Cancún en cuestión de gustos. Yo lo resumiría en pocas palabras: a la gente joven le encanta el vino. Y la mejor prueba es el éxito casi instantáneo de los wine bars que abrieron sus puertas en los últimos meses.

- ¿Te refieres al Rincón del Vino del Parque de Las Palapas? Es el único que conozco.

- En parte, a ese me refiero. Y qué bueno que lo conociste, porque ahora resulta muy difícil encontrar mesa, y no sólo viernes y sábados sino incluso entre semana. El lugar está retacado, y hay que darle parte del mérito a la luminosa sonrisa y la cálida atención de la propietaria, Leda Gamboa. Tiene una terraza muy coqueta, con vista al parque, y un salón interior con unos cuantos sofás. Yo prefiero ahí, porque las sillas del exterior se me hacen incómodas. Pero a pesar de eso la gente se queda horas.

- Es que la carta de vinos, si mal no recuerdo, tiene para todos los gustos y todos los gastos. Hay botellas de 200 pesos y hay botellas de mil 500. Deben de manejar unas 70 u 80 marcas distintas, quizás 100, y la carta de vinos está ordenada por países, de un lado los tintos, impresos en rojo, y del otro los blancos, sobre fondo blanco. Una idea juvenil, pero funcional.

- Además, Sal, con buenos precios. A ojo de buen cubero, creo que le cargan un 50 por ciento sobre el precio de bodega, lo cual es muy razonable. Entonces, por una buena botella de Rioja, o de Ribera del Duero, un crianza, tal vez un reserva, estás pagando alrededor de 300 pesos. Así hasta da gusto beber un buen caldo.

- Y las botanas también estaban ricas, sobre todo si te gustan las tapas españolas. De hecho, así se llaman en el menú: montaditos, pinchos, tortilla de patatas. Nada más falta que a los vasos de cerveza les digan cañas, y a los tragos de vino, chatitos.

 

-El lugar está bien para pasar el rato, pero todo tiene un pero y, en este caso, es que la lista de vinos por copeo es demasiado corta. Y ese es el chiste de un wine bar: ir a experimentar con etiquetas que no conoces sin tener que pedir la botella completa. De hecho, la carta de vinos es amplia, pero en exceso convencional.

- Exiges mucho, Pimienta. Acuérdate que vivimos en la selva tropical.

- Pues no acepto el comentario y, para probártelo, te voy a llevar al otro wine bar del que hablaba, un lugar igual de nuevo que se llama Creencias, que está en la avenida Náder, donde antes estaba el Sasha.

- Ahora que lo dices, lo he visto desde fuera. Creo que también tiene una terraza y que se ostenta como school wine bar.

- También tiene terraza, también tiene sillones cómodos y también tiene sillas incómodas. Quien bebe vino no anda de prisa, puede disponer de un par de horas. Y no hay nada peor que estar cambiando de posición porque te tocó un asiento poco confortable. Pero vayamos al vino: este lugar tiene una propuesta mucho más clara en cuanto a experimentar se refiere, o sea, más marcas por copeo y más etiquetas sugerentes.

- Para gente como yo, que no sé nada de vinos, eso puede ser un problema. Alguien te tiene que decir.

- No te preocupes por eso: los dueños del lugar, Elliot Díaz y Karina Gamboa, una pareja de devotos del vino, saben del negocio y te recomiendan con acierto, sin tratar de abusar de los precios. Además, manejan un concepto que está de moda en las grandes ciudades: te cobran el precio de bodega y te cargan 90 pesos por el descorche. Con esa fórmula, desde luego te conviene beber vinos caros.

- ¿Un Vega Sicilia Unico, por decir algo?

- No estoy seguro si lo tienen, pero recuerdo haber visto un Opus One y un Cabo de Hornos, o sea, vinos verdaderamente portentosos. Pero mi sugerencia sería buscarle más abajo, en los vinos poco conocidos de mediano precio, porque te vas a llevar sorpresas deliciosas.

- Pues llévame ahorita mismo, porque me muero de hambre.

- Ahí sí te voy a fallar. Los entremeses que sirven son diminutos, y más que eso, microscópicos. Son más cosmopolitas que los otros: ensalada, patés, quesos. Pero son de probadita, concebidos para acentuar los sabores del vino, no para comer. Me parece una idea bastante audaz para Cancún, porque si tienes hambre, y los mexicanos siempre tenemos hambre, ese no es tu destino.

- Pues vamos de cualquier manera, me conformo con el vino. Y así, mientras brindamos, me cuentas dónde te fuiste de parranda anoche.

- No tendré escapatoria, Sal. Como bien dice el refrán, in vino veritas.

 
 


 

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