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-El lugar está bien para pasar el rato, pero todo tiene un pero y, en este caso, es que la lista de vinos por copeo es demasiado corta. Y ese es el chiste de un wine bar: ir a experimentar con etiquetas que no conoces sin tener que pedir la botella completa. De hecho, la carta de vinos es amplia, pero en exceso convencional.
- Exiges mucho, Pimienta. Acuérdate que vivimos en la selva tropical.
- Pues no acepto el comentario y, para probártelo, te voy a llevar al otro wine bar del que hablaba, un lugar igual de nuevo que se llama Creencias, que está en la avenida Náder, donde antes estaba el Sasha.
- Ahora que lo dices, lo he visto desde fuera. Creo que también tiene una terraza y que se ostenta como school wine bar.
- También tiene terraza, también tiene sillones cómodos y también tiene sillas incómodas. Quien bebe vino no anda de prisa, puede disponer de un par de horas. Y no hay nada peor que estar cambiando de posición porque te tocó un asiento poco confortable. Pero vayamos al vino: este lugar tiene una propuesta mucho más clara en cuanto a experimentar se refiere, o sea, más marcas por copeo y más etiquetas sugerentes.
- Para gente como yo, que no sé nada de vinos, eso puede ser un problema. Alguien te tiene que decir.
- No te preocupes por eso: los dueños del lugar, Elliot Díaz y Karina Gamboa, una pareja de devotos del vino, saben del negocio y te recomiendan con acierto, sin tratar de abusar de los precios. Además, manejan un concepto que está de moda en las grandes ciudades: te cobran el precio de bodega y te cargan 90 pesos por el descorche. Con esa fórmula, desde luego te conviene beber vinos caros.
- ¿Un Vega Sicilia Unico, por decir algo?
- No estoy seguro si lo tienen, pero recuerdo haber visto un Opus One y un Cabo de Hornos, o sea, vinos verdaderamente portentosos. Pero mi sugerencia sería buscarle más abajo, en los vinos poco conocidos de mediano precio, porque te vas a llevar sorpresas deliciosas.
- Pues llévame ahorita mismo, porque me muero de hambre.
- Ahí sí te voy a fallar. Los entremeses que sirven son diminutos, y más que eso, microscópicos. Son más cosmopolitas que los otros: ensalada, patés, quesos. Pero son de probadita, concebidos para acentuar los sabores del vino, no para comer. Me parece una idea bastante audaz para Cancún, porque si tienes hambre, y los mexicanos siempre tenemos hambre, ese no es tu destino.
- Pues vamos de cualquier manera, me conformo con el vino. Y así, mientras brindamos, me cuentas dónde te fuiste de parranda anoche.
- No tendré escapatoria, Sal. Como bien dice el refrán, in vino veritas. |