Año Número 24 Marzo 2005


Ana Millet

Todos en algún momento hemos sentido esa sensación de miedo o compromiso cuando el mesero llega a nuestra mesa para seleccionar el vino que vamos a tomar. Lo más fácil es pasarle la carta al de al lado y pedirle a Dios que el vino que escoja nos guste y tenga un precio razonable. Pero... ¿qué sucede si ese paquete cae en nuestras manos? He aquí algunas breves recomendaciones para no dejarnos sorprender por el temor a mostrarnos ignorantes en el tema.

Seguramente cuando ordenes el vino, el sommelier o la persona encargada de los vinos te presentará la carta, si ésta parece un directorio telefónico creo que definitivamente necesitarás ayuda. Dile al sommelier qué es lo que van a comer; él seguramente te ayudará a escoger la mejor opción; pero si por el contrario llegas a un restaurante y la carta se limita a "copa de vino tinto o copa de vino blanco", mejor tómate una cerveza.

Ahora, ¿cómo escogemos el vino cuando todos en la mesa pedimos comida totalmente diferente? Bueno, si son más de cuatro te recomiendo pedir una botella de vino blanco y otra de tinto. La mayoría de las veces lo que los expertos recomiendan es pedir vino blanco para las entradas y vino tinto para los platos fuertes; en caso de que sólo vayas a pedir una botella te recomiendo que mejor pidas por copa, así cada quien tomará el vino y la cantidad que quiera.

Bien, ya decidiste qué tipo de vino vas a tomar, ahora queda decidir cuánto te quieres gastar. El querer impresionar a tus invitados pidiendo el vino más caro sólo por el precio te puede hacer quedar como un tonto o un novato. Una manera de darle a saber al sommelier tu rango de precio es darle dos o tres opciones de vinos que se adapten a tu presupuesto, él entenderá y te recomendará alguno que te agrade, evitándote así la discusión del precio. Hay vinos excelentes de todos precios y de todas las variedades y no necesariamente deben ser vinos muy caros.

Una vez decidido el vino, el mesero te mostrará la botella cerrada. Cerciórate que el vino y el año que pediste sea el que el mesero te muestra. Checa la temperatura del vino antes de abrirlo, pide siempre que el vino tinto esté fresco y el vino blanco bien frío. Un vino con mala temperatura puede tener totalmente otro sabor al que tú estás esperando.

A continuación el mesero abrirá la botella y te mostrará el corcho. Este deberá estar limpio y coincidir con la etiqueta del vino. Esto es todo lo que necesitas hacer (si no eres un experto, el corcho no te va a decir nada).

Si piensas que el vino no es lo que esperas dile al sommelier que lo pruebe, puede tener problemas de temperatura o sabor a corcho o a humedad, esto es algo que puede llegar a suceder. De ser así pide que te cambien la botella.

Por último, jamás de los jamases se te ocurra pedir al mesero dejar "respirar" el vino antes de servirlo cuando elijas un vino de mesa más bien económico. Unos minutos le bastarán.

 
 


 

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