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Sal y Pimienta
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Las críticas que presentamos en este espacio gastronómico están soportadas en las experiencias personales de expertos en restaurantes de Latitud 21. Todos los lugares que se mencionan aquí son visitados en anonimato y Latitud 21 paga por el consumo. Ningún desembolso de otro tipo influye en los comentarios de este espacio gastronómico. |

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Cada vez que leo esta revista, Sal, me sorprende el número de negocios que abren en Cancún, pero también me asombra la cantidad que cierra. ¡Qué industria tan dinámica es el turismo!
Tienes razón. Y eso, Pimienta, es especialmente cierto en el caso de la comida. Ahí tienes que incluso restaurantes de prestigio, y con éxito inicial, a la postre terminaron quebrando, como el Angus, el Spicey, La Valentina , el Vivendi, The Palm.
Por eso, cuando viajas, te da mucha confianza saber que un comedero lleva décadas funcionando. Si estás en Miami y quieres apostar seguro, vete al Joe's Stone Crab, que tiene 90 años sirviendo manitas de cangrejo. Si estás en París, pide una cassoullette en el Benoit, que la sirven con la misma receta desde el siglo XIX.
Y eso para no hablar del Botín de Madrid, en el Callejón de Cuchilleros, que se supone abrió sus puertas en 1720 y tantos.
Pues aquí en Cancún, todas las proporciones guardadas, creo que el punto de referencia sería La Habichuela. ¿Te enteraste que acaban de celebrar 27 años de operación? Hay que recordar que Cancún apenas tiene 30 años de vida.
Me parece justo lo que dices, Pimienta. Y me parece injusto que hace tanto que no me lleves. Con estos fríos de diciembre hubiera estado perfecto un 'cocobichuela'.
¿Te refieres a ese guisado de langosta y camarón, en salsa de curry, que sirven en la concha de un coco?
Sí, me encanta. De hecho, me gusta tanto que siempre lo pido y no he explorado, como tú, otras opciones del menú.
¿He hecho bien?
Has hecho pésimo, porque tienen un menú formidable. Lo que pidas es garantía, aunque yo también tengo mis favoritos. De las entradas, me quedo sin duda con las jaibas desnudas, que no son otra cosa que los baby crabs, pero aquí los sirven con tortillas y aguacate, para hacerte unos taquitos soberbios. De las sopas, me gusta la crema de frijol con queso y la de aguacate fría, pero me reservo la crema de caracol, que es una deleitosa versión tropical del bisque de langosta.
Ya no me digas. Voy a tener que traicionar mi 'cocobichuela'.
Pues tienes de dónde escoger. Hay una sección del menú pensada para los turistas, con camarones gigantes al tequila flameados en la mesa y langostas monstruosas de medio kilo, o sea, el show de las vacaciones. Pero también hay preparaciones dignas de un gourmet: el pato en salsa de peras, el fettuccini con calabacitas y anchoas, y un soberbio steak de atún encostrado en pimienta rosa. |
Lo acepto. Una carta muy respetable. Y a veces lo mejor no está en la carta, porque el dueño siempre ofrece platillos de temporada. La última vez que fui no podía decidirme entre un bouef a la borguinione, cocido por horas en vino tinto, con zanahorias, cambrays y tocino, o unas puntas de filete strogonof, servidas sobre arroz blanco. Dos platos súper clásicos, casi imposibles de encontrar en Cancún, pero muy antojables con una buena ración de vino tinto.
De la carta de vinos sí que me acuerdo, Pimienta. Me llenó el ojo su selección de marcas italianas, que provienen de muchas regiones memorables: los Barberesco y los Barolo del Piamonte, los Valpolicella del Veneto, el Lambrusco de la Romaña y, desde luego, los Chiantis de la Toscana. De esa misma zona es mi preferido, el Brunello de Montalcino. ¿Que el dueño es italiano?
De origen, Sal. Es el pionero Armando Pezzotti, un señor que, cuando no está jugando al golf, se dedica en cuerpo y alma a su restaurante. Por ahí lo puedes ver todas las noches, al pendiente de los detalles y echando miradas asesinas a los meseros que cometen errores.
Pues lo detallista es evidente. Nada más hay que ver el jardín maya, con esas réplicas de los relieves famosos, y esa distribución intimista de las mesas y las luces. Al principio se antoja cursi, demasiado exuberante, pero terminas muy a gusto, muy complacido, porque la sazón de la cocina es irrefutable.
Y algo hay que decir del servicio. La Habichuela cuida mucho ese aspecto, tanto así que hay capitanes y meseros que tienen más de 20 años en la casa. Por eso es que uno vuelve y vuelve, y yo estoy dispuesto a volver contigo cuando quieras.
Pues. ¿qué te parece si lo posponemos para esta noche? |
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