China al comercio mundial: ¿beneficio o amenaza?
En F&D (Finanzas y Desarrollo), editada por el FMI, hace unos meses se publicó un artículo por Estar Prasad y Thomas Rumbaugh, funcionarios técnicos de la mencionada institución, con el título de "Más allá de la Gran Muralla". En el mismo se hace un análisis detallado de por qué algunos ven la integración de China al comercio internacional como una competencia amenazadora, mientras que otros, entre ellos los consumidores de todo el mundo, la consideran beneficiosa.
Según los autores, la presencia de China en el comercio mundial se incrementó espectacularmente en los últimos veinte años, tras un largo período de aislamiento. Su participación pasó de menos de uno por ciento en 1979 al 5.5% en el 2003, "y esto dio lugar a una serie de cuestionamientos e inquietudes en torno a las prácticas comerciales chinas. Las inquietudes sobre las repercusiones de las exportaciones chinas fueron especialmente agudas en varios países, tanto industriales como en desarrollo, debido a que la percepción de que los productos chinos inundan los mercados locales, desplazan a las exportaciones de otros países y ocasionan una pérdida de puestos de trabajo locales".
El comercio exterior de China viene ampliándose ininterrumpidamente desde la apertura de su economía en 1979. El proceso comenzó con relativa lentitud en los años 80, al flexibilizarse los complejos controles generalizados sobre las importaciones y exportaciones, pero cobró fuerza en los 90´s con las reformas comerciales, que incluían amplias reducciones arancelarias, y con la adhesión a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001. El nivel promedio de los aranceles bajó de más de 40% a principios de la década de 1990 al 12% para 2002, y se contempla reducirlos al 10% en el corto plazo. En 2002, las exportaciones e importaciones chinas registraron un aumento de alrededor de 21% -el más rápido de las grandes economías- en un momento en el que prácticamente no crecía el comercio internacional total. En 2003 se registró un aumento de un 30% en las exportaciones y uno mayor, de más del 40%, en las importaciones.
Las cifras de crecimiento mencionadas en el párrafo anterior sorprenden por su magnitud, pero la explicación de la mayor competitividad radica en la adhesión del país asiático a la OMC en el 2001 y a la depreciación del dólar estadounidense -moneda a la cual está ligada la moneda china, el renminbi-.La suma de las exportaciones e importaciones en relación al Producto Interno Bruto (PBI) ha pasado de 10% en 1979 a 20% en 1989 y más del 50% en la actualidad. Los bajos costos laborales y los cuantiosos montos de inversión extranjera directa, explican el enorme aumento de la productividad china.
Como se puede deducir de los párrafos citados, la apertura de la economía china al mundo tiene sus pros y sus contras, de todas maneras estas últimas son producto de la previa "cerrazón" de la economía, de ahí que no deba considerarse lo anterior como una crítica al libre comercio sino como correcciones dolorosas pero necesarias. En un momento en que distintas instituciones y organizaciones, así como políticos, popularizan sus críticas a la libertad de los mercados y al llamado "neoliberalismo", es importante poner de relieve que el comercio libre es el principal instrumento de desarrollo de las naciones.
La imagen tradicional y popular que existe sobre las exportaciones de China al mundo supone que este es un país exportador de productos fabricados en masa y de baja calidad. Es cierto que en los años 80 y principios de los 90' s las exportaciones chinas consistían en su mayor parte en "prendas de vestir, calzados, juguetes y otros productos de manufactura ligera, pero después fue incrementando su participación en el mercado mundial en casi todos los rubros, con especial rapidez en maquinarias de oficina y equipo para telecomunicaciones, muebles, artículos para viajes y suministros industriales. Más recientemente incursionó en exportaciones de productos de alta tecnología, como equipo de procesamiento de datos. Los artículos electrónicos representan un 25% de las exportaciones chinas.
Repercusiones para los socios comerciales
Muchos estudios sobre el impacto de la adhesión de China a la Organización Mundial del Comercio muestran que "las reformas realizadas elevaron la eficiencia dentro del país y mejoraron su competitividad en los mercados internacionales, lo que podría tener beneficios netos significativos para los consumidores de todo el mundo.
Muchas economías emergentes de Asia se verán favorecidas directamente por la expansión del comercio chino porque ya tienen intercambios comerciales complementarios con China y se están beneficiando del comercio para la industria de la transformación, el cual incrementa rápidamente las exportaciones a China de productos intermedios y componentes. Además China se ha comprometido a abrir sectores nacionales (como el agropecuario y los servicios financieros) que son importantes para los principales socios comerciales.
Naturalmente que el avance de las exportaciones chinas va a implicar, para muchos de esos socios "dolores de cabeza", como por ejemplo para aquellas economías que "se especializan en exportaciones de productos que consumen gran cantidad de mano de obra no calificada" y que se "ven obligados a hacer fuertes ajustes ante la creciente competencia de China. El crecimiento previsto de las exportaciones chinas de prendas de vestir -ante la eliminación paulatina de las restricciones al comercio exterior de los mercados desarrollados- también podría tener repercusiones, sobre todo para algunas economías de ingreso bajo y mediano que se benefician de las cuotas que aplican los países avanzados a sus exportaciones de textiles y prendas de vestir.
Pero es lógico pensar que el acelerado crecimiento que está registrando China va a implicar un aumento del salario de sus trabajadores, y por lo tanto le va a restar competitividad a otros países de mano de obra más barata.
Lo que muestra esta inserción de China en el comercio mundial y, por qué no decirlo, en la transferencia de factores (capitales), es cuánta verdad hay en las enseñanzas de los viejos economistas clásicos y neoclásicos cuando nos hablan de los beneficios del libre comercio. Como dice una vieja expresión, la economía debe tender a ser "catalaxia" palabra que el economista Hayek traduce del griego "cómo hacer amigos a los enemigos". El comercio nos hace mutuamente dependientes unos de otros y el aislamiento, por el contrario, hace que cuando las mercaderías no cruzan las fronteras, las crucen los ejércitos.
Versión original: www.ibce.org.bo
AL: explosivo crecimiento del comercio con China
Gustavo González
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) destaca en su reporte anual sobre la inserción internacional de la región que las exportaciones hacia el mercado chino crecieron 72,1% en el último año, para totalizar 10, 870 millones de dólares.
El incremento de las ventas a China fue el fenómeno más destacado de 2003, año en que las exportaciones de América Latina y el Caribe en general crecieron 8,3 por ciento, de acuerdo al informe que presentó el ex ministro argentino y actual secretario ejecutivo de la Cepal, José Luis Machinea.
La agencia regional de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con sede en Santiago de Chile, señaló que el aumento de las ventas externas se debió a mejores precios y a un mayor volumen de colocaciones de productos básicos, como cobre, petróleo, soja, café, algodón, lana y azúcar.
La elevada demanda de Estados Unidos, la Unión Europea "y los países asiáticos en desarrollo, sobre todo China", influyó en la recuperación del comercio regional, que a la vez se caracterizó por la persistencia de bajos volúmenes de importaciones.
Por primera vez en 13 años los países latinoamericanos y caribeños acumularon un superávit comercial de 25.500 millones de dólares, y un superávit en cuenta corriente de 2.800 millones de dólares, sin precedentes en el último medio siglo, agregó Machinea.
Las perspectivas para este año se presentan mejores, de la mano de la reactivación de la economía mundial, con un crecimiento de las exportaciones en el primer trimestre de 17%, con relación a igual período de 2003, según los datos más actualizados de la agencia.
Otro signo positivo fue la recuperación de las exportaciones entre las economías latinoamericanas tras una caída de dos años consecutivos. El comercio intrarregional, de 60 mil millones de dólares en 2003, siguió siendo sin embargo inferior en cuatro por ciento al registrado en 2000.
Los precios de las manufacturas que vende la región crecieron a un ritmo menor que los productos básicos, lo cual sigue representando una desventaja para la inserción en la economía internacional. En la visión de los expertos de la Cepal, si América Latina y el Caribe no incorporan a su oferta exportadora productos con mayor grado de elaboración encontrarán una creciente competencia de la propia China.
El gigante asiático ocupa actualmente el cuarto lugar en el mundo como exportador y tercero como importador, gracias a las perspectivas que le abrió su ingreso en 2001 a la Organización Mundial del Comercio.
En 2003 las ventas de Argentina a China crecieron 143,4%; las de Brasil en 79,9; las de Chile en 58,5; las de Perú en 13,1 y las de México en 11,7%, según el informe de la Cepal.
Las exportaciones latinoamericanas a China aumentaron de seis mil 317 millones de dólares en 2002 a 10.870 millones en 2003. En el mismo período las ventas a Japón crecieron de seis mil 351 a siete mil 351 millones de dólares.
El Mercado Común del Sur (que conforman Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) aumentó sus exportaciones al mercado chino en 96,5% el último año. China se convirtió en el segundo país de destino de las exportaciones brasileñas, al recibir productos por un valor de cuatro mil 500 millones de dólares. Los efectos son diferentes para México, América Central y el Caribe, que "han enfrentado el agresivo crecimiento de las exportaciones chinas de bienes provenientes de la industria liviana, como textiles, confecciones, calzado, juguetes, electrodomésticos y herramientas", indicó Cepal.
Las ventajas del comercio con Beijing pueden aminorarse también para los demás países de la región, en la medida en que China, con más de mil 300 millones de habitantes, continúe diversificando su capacidad productiva y comercial en segmentos del mercado intensivos en mano de obra gracias a su ventaja de precios.
China es más competitiva en los salarios y en el costo laboral por unidad de producción que México, donde los salarios equivalen a 7,8 veces los de los chinos, o que Bolivia (3,7 veces) y Chile (12,5 veces), consignó el reporte de Cepal.
Reporte anual de la Cepal
La "amenaza" china
Mariana Martínez
China viene haciendo un mejor trabajo que México a la hora de ingresar sus productos a través de las fronteras comerciales de Estados Unidos. Para comprobarlo, basta con darle una mirada a los volúmenes de las exportaciones en los últimos años y sólo hacer un poco de números.
Hasta 2000, las exportaciones de bienes de ambas naciones hacia Estados Unidos mostraban una tendencia similar en el crecimiento junto con una competencia feroz por la colocación de productos en ese mercado, pero de ahí en más, China y México iniciaron un camino muy dispar que terminó con el triunfo del primero y el "premio consuelo" para el segundo.
Ni la proximidad geográfica, ni la firma del TLCAN han impedido que China ganara la pulseada a México en materia de exportaciones a Estados Unidos
Las exportaciones mexicanas comenzaron a retroceder marcadamente en 2001, mientras que las provenientes de China se dispararon en sentido contrario, para arrebatarle el puesto a México y consolidar a su país en el segundo puesto en la lista de los principales socios comerciales de EU, después de Canadá. Mientras tanto, México tuvo que consolarse con ser desplazado al tercer puesto.
Cronología de la pulseada
En 2002, las exportaciones de México hacia EU alcanzaron los 134 mmdd, lo que representó mil 940 mdd menos que en 2000, mientras que las exportaciones de China a EU se dispararon a 125 mmdd, para colocarse en el nivel más cercano del volumen de exportaciones mexicanas hacia EU desde 1993, nivel en el que ninguna nación había estado en ese momento.
Si se analiza detenidamente el período 2000-2002, se puede comprobar que las ventas brutas totales de China hacia EU crecieron un 11,9%, mientras que las mexicanas retrocedieron un 0,42%. En los primeros nueve meses de 2003, Estados Unidos compró 109 mmdd a China y sólo 102 mmdd a México. Canadá sigue siendo todavía el primer proveedor de productos importados a Estados Unidos, pero China le ganó la pulseada a México al desplazarlo del segundo puesto al tercero.
Esta marcada disparidad ocurre pese a la firma del TLCAN hace diez años, cuando Estados Unidos y México se comprometieron a poner en marcha el libre comercio, y a la cercanía geográfica entre ambas naciones. Hoy es ya un hecho que México está siendo amenazado comercialmente por China, y los primeros frutos de esta "pulseada" han comenzado a sentirse.
Algunos productores orientados a las exportaciones en México ya han comenzado a preocuparse por la llamada "amenaza" china, y no es para menos. Un claro ejemplo es el de la industria de ensamblaje ubicada en la frontera de Estados Unidos con México, la que está siendo afectada por la competencia desde China. La marcada diferencia en el costo de la mano de obra hace que los productos provenientes de China sean más competitivos (son más baratos) que los que vienen de México. El ejemplo de la industria del ensamblaje es simplemente uno entre tantos.
Pero lo más grave es que podrían multiplicarse aún más a partir de enero de 2005, cuando las cuotas y tarifas que Estados Unidos aún mantiene hacia los productos provenientes de China se evaporen. Al eliminarse las barreras comerciales, México sentirá aún más la competencia proveniente de China a la hora de intentar vender sus productos en Estados Unidos.
China compite en áreas en las que México siempre ha dominado en materia de exportación a EU. Estos sectores son: maquinaria industrial, equipos de telecomunicación, televisores y videograbadoras, generadores eléctricos y accesorios, textiles y productos de algodón. En tanto, los productos en los que China siempre ha sido dominante y México está buscando un espacio son: electrodomésticos, equipos de camping, zapatos deportivos y utensilios de cocina.
Competencia en casa
No sólo China le está arrebatando el lugar a México en materia de importaciones a Estados Unidos, sino también está causando problemas dentro del país. Casi todas las industrias locales, desde sectores tradicionales como el de la fabricación de artesanías hasta la industria de ensamblaje con orientación exportadora, han reclamado al gobierno del presidente Vicente Fox por la inundación de productos de bajo precio provenientes de China (en forma legal y contrabando) y la pérdida de fuentes de empleo debido a los bajos salarios en el país asiático. Pese a que México ha impuesto abultadas tarifas -algunas de hasta 500%- para detener el ingreso de mercancías "made in" China, éstas no están siendo pagadas, según reclama el sector privado azteca. Aparentemente, la guerra contra el contrabando chino es grande. Autoridades mexicanas aseguran que los productos de contrabando son ingresados a través de puertos en California (EU) y después transportados en forma terrestre por la frontera de ambos países, o son vueltos a embalar para simular que provienen de Pakistán u otros países cuyas tarifas son más bajas.
Sin incluir las ventas clandestinas de mercancía, China disfruta de una balanza comercial positiva con México (es decir, vende más de lo que le compra) de más de cinco mil millones de dólares. Aunque México ha logrado incrementar sus ventas hacia China en un 62% en 2002, éstas no han sido lo suficientemente abultadas para contrarrestar el volumen de las importaciones de productos asiáticos a bajos precios y eliminar el déficit comercial de cinco mil 800 millones de dólares que México mantiene con China.
Para México, la "amenaza" china es más que real. Ni el TLCAN, ni la ventaja geográfica le han servido para mantener su puesto de primacía en la lista de los socios comerciales de Estados Unidos, mientras que por casa, el contrabando y las mercancías baratas provenientes de China están haciendo temblar a la industria. China produce desde las tradicionales figuras de santos fabricadas en arcilla, sandalias de cuero y hasta sarapes. Hasta el momento, lo único que se va salvando es el producto más tradicional de México, el "tequila", pero si la competencia de China continúa siendo feroz, quién sabe por cuánto tiempo más.
Mariana Martínez es columnista de BBC Mundo
Legítimo reclamo
Juan José Toribio
China nunca deja de sorprendernos. Aunque su renta per cápita continúa siendo baja, su PIB total sitúa a la economía de aquel país en el séptimo lugar del mundo, prácticamente en paridad con Italia y a un nivel netamente superior al de Canadá o España. Desde 1980, China ha venido duplicando su renta por habitante cada siete años, lo que constituye todo un récord histórico. Esa misma duplicación del ingreso per cápita le costó sesenta años de esfuerzos a Inglaterra en los comienzos de la revolución industrial y casi cincuenta a los Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XIX. China ha podido disfrutar, sin duda, de una aceleración del crecimiento mundial, que abre puertas al optimismo, a pesar de tanta catástrofe en otras latitudes del planeta.
Como nosotros, China se siente, pues, legitimada para reclamar un papel más activo en los organismos internacionales que adoptan las grandes decisiones económicas. En particular, aspira a integrarse al selecto grupo de países que constituyen el G-7, creado, en su día, por la Administración Reagan para tratar de suavizar las fluctuaciones cambiarias entre las monedas de los países con mayor densidad económica. Cierto que, como coto cerrado, ese club dejó de tener sentido hace años.
Pero hablábamos de China y a ella volvemos. En China pueden hoy encontrarse rasgos característicos de las economías más avanzadas, un dinamismo imparable y una emergente clase profesional, a las puertas de su integración en la OMC. Y sin embargo, el cuadro descriptivo resultaría incompleto sin una referencia a problemas espinosos y a retos formidables que la economía china debe todavía afrontar, si aspira a situarse en 21 años (tres periodos de siete) al nivel norteamericano, como sugieren los augures.
"El comercio de América Latina con China tuvo un crecimiento espectacular en 2003, pero tras los beneficios de este pujante intercambio se vislumbran problemas para la región" El principal problema chino reside, probablemente, en su dualidad económica. El visitante no puede sustraerse a la impresión de que la nueva economía china está como superpuesta a las antiguas estructuras, que han cambiado poco o muy poco. Lo que sorprende no es que el tirón económico de los últimos 20 años haya roto la uniformidad entre individuos y clases sociales, sino que parece haber dividido el país en dos sociedades distintas, con pocos cauces de comunicación entre ellas. Diríase que, en ese sentido, los chinos están reproduciendo el modelo vigente en algunos países latinoamericanos (Brasil, por ejemplo) y que, como éstos, pueden estar abocados a problemas que, en el largo plazo, distan mucho de ser triviales.
Por otro lado, China tiene, sobre las economías occidentales, la gran ventaja que supone disponer de una masa de población con fuerte propensión al ahorro. La economía familiar es, en ese sentido, el reverso de la norteamericana. El fuerte ahorro personal es una característica que la sociedad china comparte con la japonesa y la de otros pueblos asiáticos. Ello explica que el país mantenga un superávit por cuenta corriente, incluso durante las crisis financieras que, en 1997 y 98, asolaron al Este de Asia. Blindada por su fuerte tasa de ahorro interno, la economía china pudo capear el temporal sin recurrir a la temida devaluación del yuan. Pero esa ingente masa de ahorro es obligatoriamente canalizada hacia la financiación de los déficits de las empresas estatales, por parte de los bancos nacionales. Ello plantea a la banca china un problema de gradual deterioro de activos, que debería ser afrontado antes de que alcance dimensiones de crisis.
China presenta -como puede advertirse- un repertorio de dificultades no desdeñables, pero mantiene un fuerte impulso económico que continúa actuando como imán de las inversiones internacionales.
Versión original: www.expansiondirecto.com
China y México
Raúl Díaz Jandete
Un estudio comparativo entre dos naciones como lo son México y China podría parecer en un principio un ejercicio desigual, debido a lo distinto que de entrada pueden parecer estos dos países. México, un país en vías de desarrollo que pertenece a una cultura latina y occidental, con una economía que se puede considerar capitalista. China, por su parte, una nación perteneciente a una cultura asiática oriental, y cuyo sistema económico y político se clasifica como comunista. Muchas son las diferencias que podemos encontrar en ambas economías, pero también muchas son las similitudes que en los últimos tiempos se han dado entre ambos países. Como es bien sabido, China recientemente ingresó a la Organización Mundial de Comercio (OMC). A partir del 11 de diciembre del 2001, China pertenece de manera formal a este organismo. Esta nación ha cobrado gran importancia en los últimos años debido a que se ha convertido en un importante competidor de México, especialmente por los flujos de inversión extranjera. Es bien sabido también el grado de oposición que tuvo México hacia la entrada de China a la OMC. La principal razón para oponerse a esta medida era la situación competitiva de la economía, así como las características del sistema económico chino que, entre otras cosas, hacen difícil valuar precios y costos relativos, y, en consecuencia, saber con certeza a qué tipo y grado de competencia se enfrenta.
Al crecer la economía, China se convierte en un enorme mercado para los bienes producidos por el resto del mundo, así como un mayor exportador; por lo que si no hay nada que altere este proceso, absolutamente todos se benefician En diversos círculos de opinión se habla de las ventajas competitivas que la economía china posee en relación a la economía mexicana. Se puede decir que México enfrenta la competencia china en tres aspectos: el mercado interno de bienes, en las exportaciones hacia el mercado estadounidense de bienes y en el mercado que busca atraer la inversión extranjera.
Al establecer algunos datos comparativos entre ambas economías notamos grandes diferencias entre México y China. La economía china creció de manera considerable durante el 2001 (7.3%), mientras que México tuvo recesión (-0.3%). La inflación mexicana es aún alta (4.4%) en comparación con la que muestra China (0.7%), aunque en este aspecto no hay que olvidar que la tendencia de la inflación en México en los últimos años es a la baja. China captó durante ese año mayores flujos de capital (47 mmdd), así como también logró mayores ingresos por exportaciones que México (China: 266 mmdd, México: 158.4 mmdd). Las reservas internacionales alcanzadas fueron mayores en China (212 mmdd contra (40.3 mmdd). Finalmente, y es aquí donde se compensan los datos, la población en México es mucho menor que en China, lo cual nos daría una idea de un producto per cápita mayor en México que en el país asiático.
Por otra parte han surgido otro tipo de argumentos, los cuales de alguna manera pretenden alertar sobre la fuerte amenaza que representa la competencia china para México y en consecuencia la globalización, la cual no pretende más que lograr una mayor integración de la economía mundial.
China mantiene un fuerte impulso económico, que continúa actuando como imán de las inversiones internacionales. Su sistema fiscal es mucho más competitivo que el mexicano Una idea que se ha venido propagando entre los diferentes agentes económicos y la población en general es la de "crear una conciencia colectiva sobre el peligro que se tiene por la globalización y en particular de aquellos países con los que tenemos que competir como lo es China"(1) . Por otro lado, se han propuesto establecer medidas proteccionistas en contra de China, ya que se cree que acabaría con las economías emergentes. Aquellos que pronostican un desastre económico por culpa de la nación asiática, ignoran muchos beneficios que el comercio internacional trae consigo para con los consumidores. Hemos de recordar que los beneficios del comercio vienen dados de la ventaja comparativa entre las naciones, así tenemos que China puede ser un lugar más barato para producir manufacturas que por ejemplo Japón, pero ello no significará que todas las empresas manufactureras se irán de Japón a China.
Todos estos son argumentos por demás falaces que se demuestran por la evidencia empírica disponible. En el "Informe sobre Desarrollo Humano 2001" publicado por Naciones Unidas, se demuestra que a pesar de la pobreza sufrida aún por gran parte del mundo, la situación está mejorando (2). Por su parte el Banco Mundial ha demostrado en estudios recientes que "los únicos países que han reducido considerablemente la pobreza desde 1980 han sido los más abiertos al comercio internacional y a las inversiones extranjeras".
Por todo ello, al crecer la economía China, se convierte en un enorme mercado para los bienes producidos por el resto del mundo, México incluido, al igual que un mayor exportador de sus productos; por lo que si no hay nada que altere este proceso, absolutamente todos se benefician.
Continuando con la comparación entre ambas naciones encontramos que México presenta diversas ventajas competitivas sobre China. La primera de ellas la constituye la cercanía geográfica con la economía más poderosa del continente. La vecindad con Estados Unidos hace de México el único país del mundo que tiene la mano de obra y la ubicación para surtir al mercado norteamericano justo a tiempo, y de esta manera convertirse en el socio estratégico para la producción de manufacturas y servicios, mientras que China tiene que recorrer varios miles de kilómetros para poder acceder al mercado norteamericano, lo que de entrada implica mayores costos.
Una segunda ventaja se establece a partir de los recursos naturales que posee México y de los cuales China carece, tales como petróleo, tierras de cultivo, etc., lo cual de alguna manera facilita que se puedan producir diversas mercancías para su exportación.
La tercera ventaja que México tiene sobre otras naciones como China se refiere al beneficio de contar con tratados de libre comercio con Estados Unidos, la Unión Europea y América Latina, lo cual le permite a México tener una postura de privilegio sobre aquellas naciones con las que compite por atraer capitales a su economía. Sin embargo, es claro que esta ventaja no es permanente y México debe aprovecharla para posicionarse en los mercados más importantes del mundo.
Más que insistir en crear una conciencia de oposición respecto a la globalización o a la competencia internacional, lo que México debe hacer es enfocarse a atender aquellos asuntos que verdaderamente son relevantes para lograr una mejor posición a nivel internacional, y por ende de mejora en la calidad de vida de la población, es decir, en el desarrollo del país.
Como se mencionó anteriormente existen diversos argumentos en contra de la competencia con el exterior y la globalización. Más allá de todos estos argumentos falsos, lo que México tiene que atender son todos aquellos aspectos económicos que al interior impiden captar recursos frescos del exterior. Lo que verdaderamente vale la pena preguntarse por ejemplo es ¿por qué la inversión manufacturera que en otros años se canalizaba a México, hoy se dirige a países como China? Mucho se habla de generar un crecimiento económico basado en la demanda interna, pero ¿qué están haciendo iniciativa privada y pública para lograrlo?
China, así como otros países asiáticos, no se distinguen necesariamente por el bajo nivel salarial como se ha argumentado; la enorme distinción es que en México se cobran más impuestos que en aquellos países. El ISR en México para las empresas es de 34%, mientras que en China es del 20%. El sistema fiscal chino es en términos generales más competitivo que el mexicano, lo cual está permitiendo que grandes flujos de inversión sean canalizados hacia ese país.
Por otro lado, muchos son los sectores que demandan inversiones millonarias de manera urgente sólo para seguir siendo viables (infraestructura pública, sector energético, etc.), y aquí es inevitable hablar de las reformas estructurales pendientes, necesarias no sólo para la viabilidad de la economía mexicana sino también para generar inversión en nuestro país.
Y para lograr atraer estas inversiones se requiere, entre otras cosas, mejorar la infraestructura básica, así como avanzar en la consecución de un verdadero Estado de Derecho, que ponga especial énfasis en la definición puntual de los derechos de propiedad, ya que lo que esos capitales finalmente buscan son las mejores condiciones para establecerse en uno u otro país.
Se comenzó este artículo haciendo referencia al reciente ingreso de China a la OMC. A partir de ese momento muchos flujos de inversión fueron canalizados hacia ese país. Lo importante aquí es destacar la señal que China envió al mundo al integrarse a dicho organismo. Más allá de buscar beneficios comerciales, que ciertamente los obtendrá con el tiempo, China quiso dejar muy en claro que continuará por la ruta de las reformas económicas y que tomará las decisiones necesarias para asegurar el crecimiento.
Finalmente, el auténtico desarrollo económico es voluntarioso y costoso, y sólo lo logran los países que deciden llevarlo a cabo y están dispuestos a sufragar los costos de las inversiones necesarias, de tal manera que si lo que nos preocupa es un "futuro apocalíptico" preocupémonos de que en el futuro México no quiera gozar de un auténtico desarrollo económico.
Salvador Rojas, "El dragón chino tiene hambre", Noviembre 15, 2002
Michael Mosbacher, "La globalización reduce la pobreza".
Versión original de www.todito.com
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