Mi amigo, el escritor norteamericano E. J. Albright, quien actualmente escribe un libro sobre las diversas visitas de extranjeros a Chichén Itzá, particularmente del que fuere propietario de los terrenos y edificios prehispánicos de esa antigua ciudad maya, Edgard Thompson, me ha enviado transcripciones de varias cartas que escribió el antropólogo Dr. Alfred M. Tozzer durante su estancia en la hacienda Chichén como huésped de Thompson, hace más de 100 años, en enero de 1901.
Los comentarios y diversas descripciones de las cartas del Dr. Tozzer en Chichén son interesantes de notar. Comentaba que el pago a su guía y ayudante llamado Benito Kan era de 75 centavos diarios de sueldo y un peso cincuenta centavos por los tres alimentos diarios, incluyendo servicios de limpieza y el lavado de su ropa...
Algunos comentarios sobre sus trabajos de campo en las ruinas incluye descripciones de la multitud de murales multicolores en la mayoría de las paredes interiores de cuartos y estancias que aún existían en aquella época.
En 1946 tuve la suerte de conocer al Dr. Tozzer; fue mi maestro cuando estudié en la Universidad de Harvard, algunos años anteriores a su muerte, cuando contaba casi 80 años de edad.
Posteriormente, cuando fui guía de turistas, recuerdo haber visto algunos trazos de los murales que aún quedaban, época en que el gobierno federal tenía embargados los terrenos y los edificios mayas de Chichén, en estado de total abandono y expuestos a todos los robos y dilapidaciones en manos de "anticuarios" yucatecos y uno que otro arqueólogo de aquella década de los 40's, antes que mi padre lograra concertar la compra de Chichén de los herederos de Thompson y que la Suprema Corte de Justicia fallara a favor de Thompson contra el gobierno federal, confirmando los derechos de propiedad privada al mencionado norteamericano.
Cuando mi padre adquirió Chichén Itzá, ya el Carnegie Institute of Washington había terminado las reconstrucciones de los principales edificios de la ciudad maya, trabajos promovidos por su extinto propietario, Sr. Thompson, quien vivió muchos años en la Hacienda Chichén con su familia. El cuarto que usó el Dr. Tozzer durante su estancia en la Hacienda Chichén era el que usaba Thompson, quien ya vivía en la ciudad de Mérida.
Hoy, al visitar Chichén Itzá, deberemos imaginarnos los edificios con fachadas enyesadas y cubiertas con múltiples y brillantes colores; con mensajes astronómico-religiosos, de una civilización tan avanzada como totalmente incomprendida por los actuales estudiosos llamados "mayistas".